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Adiós 2016, el mejor año de mi vida (hasta ahora, jeje)

Bueno, después de un trimestre muy intenso en el que no he encontrado hueco ni para ponerme a escribir, no podía dejar que terminara este año sin dedicaros unas palabras. ¡Ha sido un año tan precioso y tan intenso! Plagado de bienvenidas, y también de despedidas. Plagado de cambios, de aventuras y de sorpresas.

2016 ha sido el año en que se ha cumplido mi mayor deseo: ser madre. ¡Y de qué manera! Un embarazo maravilloso, un parto inmejorable, una lactancia preciosa, un bebé sano y feliz… Vamos, que no sólo puedo decir que no hay queja, sino que siento una gratitud infinita por estar viviendo un proceso tan pleno y ser tan consciente de ello.

Todo lo que estoy experimentando y aprendiendo es tan enriquecedor … A nivel profesional puede decirse que estoy en una posición bastante cómoda; hay mucho que mejorar, muchísimo, pero me siento bien encaminada. Y para mi desarrollo en este aspecto era muy importante experimentar la maternidad. Tengo mucho que ofrecer, pero aún estoy gestando cosas que verán la luz a su debido tiempo. Ahora las prioridades son otras, y el proceso (no sólo a nivel profesional, sino a nivel vital) me está resultando más natural y coherente que nunca. Siempre había sentido que estaba forzando las cosas, no estaba del todo cómoda, pero ahora me siento en mi elemento.

¿Qué quiero para el 2017?

-Cuidarme un poco más. Siempre he perseguido este objetivo, y creo que siempre lo haré; no porque no me cuide, sí que lo hago, pero siempre se puede mejorar; y, además, a medida que crecemos, más cuidado necesitamos. Así que más ejercicio, mejor alimentación, buscar momentos para mí, respirar y relajarme…

-Gestionar mejor el tiempo. Una de las cosas que conlleva la maternidad es que la dimensión temporal cambia radicalmente. Y yo siempre he tenido un conflicto con eso, siento que el tiempo no me cunde, que tengo que hacer más. Pero lo que quiero no es hacer más (aunque estaría bien, jeje), sino hacerme más consciente de mis tiempos, aceptarlos y gestionarlos con coherencia, marcándome objetivos realistas y alegrándome por lo que hago en vez de sufrir por lo que no hago.

-Jugar mucho con mi hijo. Y jugar en general.

-Invertir cada vez más tiempo en las cosas que me producen placer, y menos en las que no.

Y creo que eso es todo. En realidad, no hay nada nuevo, lo que busco es perfeccionar lo que ya tengo.

Os deseo muchísima felicidad. Mimaos mucho, valorad las cosas y disfrutad al máximo. Todo tiene un principio y un final, así que lo mejor que podemos hacer es disfrutar del camino.

Muchas gracias por leerme. ¡Hasta el año que viene,terrícolas!

¿Pides permiso cada vez que vas al baño?

Uno de esos hábitos que tendemos a inculcar a los niños y que, si te pasar a pensarlo, no se va a corresponder con la realidad en su vida adulta (a no ser que estén en prisión), es el de pedir permiso para ir al baño. Lo tenemos interiorizadísimo. En la escuela (o en campamentos, actividades extraescolares…) hay una norma que se repite una y otra vez: si quieres ir al baño tienes que levantar la mano y, cuando te concedan la palabra, pedir permiso para ir, a ver si te dejan o no. Imaginaos el mismo proceso en otro contexto, o con otra edad; resulta ridículo, ¿verdad?

El tema es, ¿cuál es el objetivo de esto? Para mí se reduce a una cuestión de seguridad. Cuando un adulto está a cargo de un grupo de menores, es necesario tener controlados a todos los miembros en todo momento. Por tanto, si uno va al baño hay que saberlo. ¿Creéis que los niños tienen esta idea en la cabeza? Porque yo creo que lo que les estamos transmitiendo con este proceso es sumisión y falta de respeto a su intimidad y a sus necesidades. ¿A qué viene que todo el grupo se entere de que esa persona va al baño? ¿Y si es una persona pudorosa y, por no decirlo en voz alta, se aguanta las ganas, lo cual es contraproducente para su salud?

Para mí, este es sólo un ejemplo de cómo la escuela (y hablo de la escuela convencional y generalizando, sé que hay centros y profesionales que manejan el tema de una forma más respetuosa y coherente) es un ambiente artificial, poco significativo en el mundo real, y peligrosamente parecido al sistema penitenciario en muchos aspectos.

Ah, y otro proceso habitual, el de llevar a todos los niños al baño a la vez y obligarles a hacer pis. A mí me resulta surrealista. Entiendo que a veces, por cuestiones de tiempo, estructura de los espacios, ratios y demás, es más práctico llevar a todo el grupo al baño a la vez en determinados momentos. Y yo, como educadora profesional que soy, también lo hago. Pero obligar a alguien a hacer pis… no me entra en la cabeza; quien quiera que vaya y quien no, pues no.

Yo, si un niño me pide para ir al baño, le dejo ir; de hecho suelo contestar: “Por supuesto”, porque no concibo que alguien no pueda ir al baño cuando quiera. Evidentemente, si con un niño o grupo concreto el tema se complica porque utilizan las visitas al baño para otras cosas, pues habrá que gestionarlo y aplicar medidas. Pero no creo que a priori haya que considerar que va a haber problemas, hay que prevenir y, en caso de que surjan, buscar soluciones, pero siempre con respeto y coherencia.

He aquí mi propuesta: plantear a los menores las cosas como son, ni más ni menos. Explicarles que necesitamos saber dónde están si abandonan el espacio común, porque si no, no nos enteraríamos si les pasara algo; así que es necesario que, cuando necesiten ir al baño, nos avisen antes de salir. Es mejor que se acerquen al adulto y se lo comuniquen en bajo, para no interrumpir la dinámica del grupo. Y ya está, es muy sencillo. Cambiar el “pedir permiso” por el “avisar”.

¿Tú cómo manejas este asunto? ¿Y cómo te gustaría que lo hubieran manejado cuando ibas a la escuela?

La lactancia me hace feliz

Acabamos de cumplir 6 meses. 6 meses de lactancia materna exclusiva y a demanda (a excepción de un poquitín de fórmula que le dieron el el hospital su segundo día de vida, porque le bajó un poquito la glucosa). Ahora toca empezar con la alimentación complementaria, que seguiremos combinando con lactancia materna a demanda. Y no sé hasta cuando, ni tengo necesidad de planteármelo.

Por un lado, mi situación laboral, aunque muy inestable, tiene una gran ventaja: me permite pasar mucho tiempo con él y, cuando no estoy, me saco leche y se la dan, así de fácil. Llevamos haciéndolo así desde que cumplió 2 meses; al principio yo trabajaba horas sueltas por las tardes, un día 1 hora, otro 2… y sólo una tarde la tenía completita y pasaba unas 5 horas fuera. Ahora estoy a media jornada, 4 horas por las mañanas, y al ladito de casa. Claro, así es muy fácil, la verdad es que en ese sentido somos muy afortunados.

Por otro lado, a nivel personal e independientemente de las circunstancias, yo quiero darle el pecho a mi bebé. Por muchas razones: porque es lo mejor para él, porque es lo más cómodo y económico, por los beneficios que tiene para la salud de ambos… y, sencillamente, por el placer que siento al hacerlo. Me hace feliz.

Es raro, cuando estaba embarazada recuerdo la curiosidad y la incertidumbre ante tantas cosas: ¿cómo será cuando el bebé te da patadas? ¿cómo será una contracción? ¿cómo será cuando mama?… Y después, en un momento, todo ello se incorpora y se naturaliza, como si llevaras haciendo y sintiendo esas cosas toda la vida.

Mi marido dice que da gusto vernos. A veces me quedo dormida mientras mama, de lo mucho que me relajo. Es cierto que requiere una gran disposición, que muchas veces tienes que interrumpir lo que estés haciendo, etc. Pero todo ello pierde valor, pasa a un segundo plano (o tercero, o cuarto…). Para ir al cine o tomarme una copa tengo toda la vida, pero esto es ahora, y sé que va a pasar más rápido de lo que me gustaría, así que toca disfrutarlo al máximo.

Es cierto eso que dicen, no hay nada más bonito que tu bebé. Pero voy a ir un poco más allá. No hay nada más bonito que tu bebé mamando de tu pecho. Y ya si se aparta un momento para mirarte y sonreírte, ahí se para el mundo 😀

 

Antes de irme, un par de recomendaciones (no me pagan por esto ni nada, ¿eh? os las aconsejo porque a nosotros nos van genial):

-La página de Alba Lactancia y su grupo de consultas de facebook.

-El blog de Maternidad Comtinuum.

-Los servicios de Parideiras (nosotros tuvimos que recurrir a Vicky cuando llevábamos un par de días en casa porque yo no sabía cómo ablandar el pecho cuando sube la leche y el peque no era capaz de mamar con el pecho tan duro; la situación nos desbordó un poco,  no sabíamos cuál era el problema, pero gracias a Vicky la superamos y aquí estamos).

-Y, si necesitais un sacaleches, yo uso el de Medela Swing, y me resulta comodísimo, facilísimo y su biberón Calma está muy bien si necesitas darle tomas con biberón pero quieres evitar que afecte a la lactancia.

Lecturas recomendadas: “Cómo multiplicar la inteligencia de su bebé”

DOMAN_MULTIPLICAR INTELIGENCIA

 

Yo no soy de métodos, me gusta tomar lo que me sirve y utilizarlo a mi manera, sin doctrinas y sin cerrarme a otras opciones. Pero cuando descubrí este método, leyendo a Laura Mascaró, me llamó mucho la atención y me dio muchísima curiosidad. Especialmente, porque la “Ley Infalible” es:

“Si usted no lo está pasando de maravilla, o si su hijo no lo está pasando de maravilla, déjenlo. Están haciendo algo mal”

Así que decidí comprar el libro y profundizar un poco en el tema.  Aún no hemos empezado a aplicarlo, pero la verdad es que la teoría me ha convencido y me apetece mucho ponerme a ello; en los próximos meses empezaremos el programa de lectura, ya os iré contando.

Para introduciros un poco en el tema, lo que propone Doman es una serie de programas a realizar con el bebé para introducirle en la lectura, las matemáticas, etc a través del juego. Todo con materiales que fabricas tú en casa (con cartulina blanca, rotuladores y poco más); las actividades se distribuyen en sesiones muy breves en las que se van introduciendo poco a poco elementos nuevos (por ejemplo, la lectura empieza con palabras sueltas, luego pasas a las parejas de palabras, luego oraciones…). En la sesión tomas un conjunto de cartulinas, las muestras al bebé y le dices lo que pone. Todo ello siguiendo unas pautas y recomendaciones muy concretas pero, a mi modo de ver, muy coherentes, y lo suficientemente abiertas como para que se puedan adaptar a cada caso particular (que es algo para mí fundamental, no todos los niños son iguales, ni todos los adultos, ni todas las circunstancias… así que la flexibilidad nunca sobra).

A mí se me presenta un dilema con todo esto, y es que no soy partidaria de sobreestimular a los niños, y considero perfectamente válido no forzar el aprendizaje de la lectura y esperar a que cada uno aprenda cuando quiera (creo que, en la sociedad en que vivimos, van a  aprender de un modo u otro, siempre que en su contexto se les motive mínimamente: que vean que los adultos leemos, que compartamos lecturas con ellos, que juguemos con la palabra escrita…). Pero, por otra parte, la lectura es la puerta a la gran mayoría del resto de aprendizajes, y facilitar ese recurso cuanto antes no está de más. Además, si realmente aprenden así y podemos ahorrarles el tedio de “la M con la A, MA…”, pues mejor que mejor. De todas formas, en este método no se pide al niño que lea, ni se le soborna ni nada, se le lee y, si el lee espontáneamente, estupendo, pero si no nada; todo dependerá de la edad en que se realice el programa, del niño y del adulto en cuestión, supongo que habrá de todo.

Yo le leo a mi bebé desde que nació, y ahora, con 5 meses recién cumplidos, disfruta muchísimo de esos momentos y muestra un interés enternecedor. Mi objetivo no es que sea un devorador de libros ni nada parecido, simplemente quiero facilitarle este gran recurso y ya veremos a dónde nos lleva.

¿Alquien ha aplicado este método y quiere compartir su experiencia con nosotros?

 

También te recomiendo:

“La crianza feliz”, de Rosa Jové

“El cerebro del niño”, de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson

Lecturas recomendadas: “El cerebro del niño”

cerebroniño

Este libro llegó a mí por casualidad, no lo busqué, y reconozco que empecé a leerlo recelosa, con algún que otro prejuicio. Pues al final me encontré con una grata sorpresa, es un libro tremendamente ameno y práctico.

El principal concepto que se desarrolla en él es el de integración, es decir: “unir distintos elementos para crear un todo que funcione debidamente”. Esto, aplicado al cerebro (integrar ambos hemisferios, la parte superior con la inferior…). Puede sonar muy técnico todo, ya que es necesario entender a grandes rasgos de qué se ocupa cada parte del cerebro, pero, en definitiva, lo que aporta este libro es un montón de casos prácticos y de consejos de muy sencilla aplicación para ayudar a los peques, a través de la experiencia, a desarrollar un cerebro resistente y bien integrado.

En cada capítulo explica el tema, por ejemplo, la integración de ambos hemisferios, de qué se encarga cada uno, etc. y después aporta una serie de estrategias a aplicar. También ejemplifica con casos prácticos y con viñetas. Y, un detalle que me encanta, aporta recursos gráficos para explicar a los niños de qué va esto del cerebro, sus hemisferios y demás. Al final del libro hay un esquema que se llama “Hojas para la nevera”, que se puede utilizar a modo de recordatorio.

Como veis, el enfoque es tremendamente práctico, y adaptado para que todo el mundo pueda entenderlo, disfrutarlo y aplicarlo.

 

También te recomiendo:

“La crianza feliz”, de Rosa Jové

Tarxeta Benvida, una ayuda plagada de incoherencias

Incoherencia número 1:

Como sabéis, mi bebé nació en febrero. Ya en el Hospital nos dieron la información para solicitar esta ayuda, que consiste en una tarjeta, con un saldo de 100€/mes durante los 12 primeros meses de vida del bebé, es decir, un total de 1.200€. Hemos recibido la tarjeta hoy, en mayo, cuando llevamos cerca de 4 meses de vida (y, por tanto, de gastos). Yo, ilusa de mí, pensaba que el saldo inicial sería de 400€. Pues no, era de 100€. Así que llamo a la Xunta y la persona que me atiende me cuenta que, efectivamente, el total va a ser de 1.200€, pero que “a lo mejor” y recalco “A LO MEJOR” en junio me ingresan 200, en julio otros 200, y así… Vaya, que nos espera un añito de ir controlando mes tras mes, a ver si al final el total es el que tiene que ser. En fin…

 

Incoherencia número 2:

Instrucciones de uso: “Esta tarxeta está destinada á compra de produtos infantís en farmacias, parafarmacias, supermercados e tendas de alimentación”. Reproduzco el diálogo aproximadamente, no lo recuerdo con exactitud:

-¿Se puede comprar comida?

-Sí, potitos, leche…- una manera estupenda de promover la lactancia materna, ¿verdad?, ahí, con un par.

-Pero mi hijo se alimenta de leche materna, con lo cual de momento no vamos a comprar comida; y después, cuando empiece con los sólidos, ¿se puede utilizar para frutas, verduras…?

-Tienen que ser cosas para el bebé, no podéis gastarlo en comida para vosotros.

Total, que no me queda claro, ¿una manzana se considera producto infantil? Y, ya poniéndome en modo ridículo, ¿cómo hago, cojo 2 bolsas de manzanas, unas de bebé y otras de adultos, y en casa las separo o les pongo nombre? A ver, por favor, un poco de sentidiño. A mí me parece bien que haya cierto control sobre en qué se gasta el dinero, pero entiendo que gastarlo en comida para mamá es lícito, ¿no se alimenta el bebé de mi leche?¿Y no necesita el bebé que papá y mamá están bien alimentados y puedan cubrir sus gastos para favorecer una crianza óptima?

 

Incoherencia número 3:

Estamos en el punto de ¿en qué gastamos hasta que empiece con sólidos? Y claro, me menciona los pañales. Le digo que usamos pañales de tela y que ya están comprados (no es cierto que los usemos, aunque tenemos intención de hacerlo todavía no nos apañamos bien con ellos, pero quería saber qué me decía). Su primera reacción fue reirse. Y ya empezó la super lista de cosas en que podemos invertir, además del comentario “Los pañales de tela también se gastan”. Repito, en fin…

Aún no sé cómo gastar 100€/mes antes de la alimentación complementaria, en caso de que haya lactancia materna y pañales de tela (y que el niño esté sano, claro). Eso sí, el dinero no caduca, se va a cumulando; con el límite de los 12 meses, claro.

 

Incoherencia número 4:

Empieza a decirme todo lo que se le ocurre: ropita, sillita, cuna, saco… Y le digo: “Pero la tarjeta no se puede usar en tiendas, ¿no? Sólo en farmacias, parafarmacias, supermercados y tiendas de alimentación.” Su respuesta: “Sí, correcto.”

En este momento ya opté por despedirme y colgar.

 

Incoherencia número 5:

Para mí esta es la más grave. El mensaje claro y que me repitió esta persona varias veces es que no podemos gastarnos el dinero en nosotros, tiene que ser en el bebé. Bien (bueno, bien no, creo que debería poder gastarse en la familia en su conjunto), pero es que los grandes gastos se hacen antes de que nazca el bebé y al principio de su vida (cuna, carro, sacaleches, portabebés, pañales de tela o lo que sea). A estas alturas el bebé ya tiene de todo, lo que necesitamos es dinero para reponernos de esos gastos, necesitamos poder invertir en todo lo demás, que ha quedado en segundo plano esta última temporada. Y, si tiene que ser en el bebé, ¿por qué limitarnos tanto? ¿Por qué no incluir actividades y servicios para el bebé, o productos que se adquieren por otras vías, por ejemplo en sesiones de fisioterapia si el bebé sufre de cólicos? ¿O para la mamá, cubrir actividades de postparto, productos o asesorías de lactancia? Se me ocurren tantas cosas…

 

Incoherencia número 6:

Aunque esta ya no me afecta, no puedo dejar de mencionarla. ¿Por qué sólo ayudar a familias cuyos bebés nacieron a partir de una fecha determinada? ¿Y todas aquellas familias que se encuentran en la misma situación pero cuyos bebés nacieron algo antes?

 

 

Creo que esto no tiene ni pies ni cabeza. Espero haberme expresado con claridad y coherencia a pesar del cabreo, no quisiera pecar de lo mismo que estoy criticando.

¿Alguien que esté utilizando la tarjeta nos quiere contar su experiencia? ¿Se os ocurren más cosas que debería cubrir una ayuda de este tipo?

El relato de mi parto: Un parto respetado y feliz

Tenía muchas ganas de contaros la historia de mi parto. Lo primero, deciros que fue totalmente natural, como yo quería, y muy rápido (unas 2 horas de trabajo de parto intenso, que fue lo que pasamos en el hospital, y, en total, unas 8 hora y media). Palabras que se suelen asociar con este proceso, como “miedo”, “nervios”, “trauma”… no van a formar parte de mi relato, porque en ningún momento sentí tales cosas; es cierto que me preparé y me informé (a través de lecturas, consultas a profesionales y a usuarios, reuniones en asociaciones, actividades físicas varias…), y pude ir a parir a donde quería, al sitio que me inspiraba confianza y que me ofrecía lo que buscaba (como os conté aquí), por lo que en todo momento me sentí segura y tranquila. Mi manera de gestionar el dolor fue una suma de movimiento, respiración y vocalizaciones, tirando de recursos que fui conociendo a lo largo del embarazo, pero que apliqué de una manera totalmente instintiva. También quiero resaltar que sólo tengo elogios para el maravilloso equipo que nos atendió en el Hospital Virxe da Xunqueira, tanto en el parto como en las 48 horas posteriores que pasamos ingresados, fue todo maravilloso.

1ªparte: EN CASA

Salí de cuentas un domingo y el lunes por la noche me noté rara, pensé que no me había sentado bien la cena, jeje. Me metí en la cama sobre las 2.00h diciendo “Esta noche no duermo”, pero sin tener ni idea de lo que implicarían esas palabras un rato después. Estaba convencida de que no estaba de parto (me habían dicho que cuando tienes contracciones de parto no tienes dudas, y que el dolor venía de la zona lumbar, y en mi caso era por delante, por debajo de la barriga), pero no estaba cómoda, y a las 4.30h decidí empezar a cronometrar por si acaso. Notaba ciertos picos de dolor (por decir algo, en realidad era una molestia muy llevadera, lo paso mucho peor con la menstruación), pero no eran regulares, aunque sí bastante frecuentes. Sobre las 6.00h me decidí a arrancar al hospital, la cosa se iba poniendo más intensa, aunque seguía siendo bastante suave. Una hora después arrancábamos.

2ª parte: EN EL COCHE

El viaje duraba hora y media, y yo estaba preocupada porque claro, en casa me movía libremente y gestionaba genial las molestias, pero no sabía cómo iba a ser al tener que estarme sentada y quieta… Pues estuve comodísima, no se me hizo nada largo. Lo único un poco duro fue el último cuarto de hora, que tuve un par de contracciones algo más fuertes y entre una y otra no sentí el alivio habitual, por lo demás genial.

3ª parte: EN EL HOSPITAL

Llegamos sobre las 8.30h y nos acompañaron a la sala de partos (un espacio pensado para nuestra absoluta comodidad, con luz tenue, paredes de un color cálido, ausencia de ruido…) , me dieron el típico camisón y me pusieron el monitor durante media hora (no tenía cables, así que pude moverme libremente). La matrona me ofreció un saquito de semillas para darme calorcito en los riñones; cuando venía la contracción, yo me apoyaba en la repisa de la ventana, de pie, y me movía, y ella colocaba el saquito sobre mi zona lumbar y acompañaba mi movimiento.

Cuando me quitó el monitor me hizo un tacto (la única intervención que hubo en todo el proceso) y había dilatado unos 5 o 6 cm. A estas alturas las contracciones eran bastante intensas. Me ofreció llenarme la bañera para seguir dilatando en agua calentita y dije que sí, me apetecía mucho, pero no hubo tiempo. Mientras la llenaban, mi cuerpo me pidió un cambio, y empecé a apoyar una pierna doblada en la cama, mientras la otra seguía en el suelo. Y, de repente, subí a la cama a gatas y ahí me quedé, a cuatro patas. Sentí algo diferente, y empecé a empujar; nadie me dio instrucciones, fue todo totalmente instintivo, y no estaba segura de lo que estaba pasando, no podía creer que fuese tan rápido y tan fácil. A partir de ahí todo resultó muy salvaje, muy primario; yo no podía hablar, sólo centrarme en gestionar mis sensaciones, estirando mi cuerpo y emitiendo vocalizaciones, con una potencia de voz de la que desconocía que fuera capaz. Me saqué el camisón y las gafas, si me preguntaban algo asentía contundentemente con la cabeza, o directamente pasaba de todo. Lo cierto es que, aunque evidentemente todo esto duele, y mucho, lo describiría más como una sensación tremendamente intensa que dolorosa, es algo muy difícil de describir. Un rato después sentí la cabeza y, mientras empujaba para ayudarle a asomar, me di cuenta de que mi bebé estaba a punto de nacer y no le iba a ver (soy muy miope) y grité: “¡GAFAS!”, jejeje. Esta fue la parte más difícil, pero, una vez que estuvo fuera la cabeza, llegó lo más maravilloso que he experimentado en la vida: el expulsivo del cuerpo fue alucinante, no sólo no dolió, sino que me resultó extremadamente placentero y refrescante (de hecho, me dio mucha pena pensar en la cantidad de gente que se perderá esta sensación por miedo a intentarlo; entiendo que mi parto fue muy corto y muy fácil, probablemente en otras circunstancias habría pedido la epidural, pero creo que de entrada merece la pena intentarlo, ese momento es tan gratificante que compensa con creces todo lo demás, al menos en mi caso así fue).

Y ya está, me pusieron a mi bebé encima y tuvimos nuestro piel con piel, no solo respetado, sino muy incentivado por todo el personal. El alumbramiento de la placenta fue muy similar al expulsivo del cuerpecito, ¡una pasada! Tuve un pequeño desgarro, y me dieron 2 puntos, eso sí, me consultaron antes si quería ponérmelos o no. También se implicaron muchísimo en el establecimiento de la lactancia (esto sí que no fue fácil, desde que llegamos al hospital pasaron menos de 2 horas hasta que nació el bebé, pero más de 20 hasta que se enganchó correctamente al pecho).

Soy consciente de que somos muy afortunados de haber tenido un parto tan bueno, pero no creo que todo se deba al azar, en absoluto; ha habido un trabajo de preparación por mi parte muy importante, y, ante todo, creo que es una cuestión de actitud. Yo siempre tuve claro que mi objetivo era dar a mi bebé la mejor bienvenida posible, y ayudarle a salir de mí, que es en lo que creo que consiste parir. Los profesionales están para acompañar el proceso e intervenir lo justo y necesario, o lo que se les demande en función de las preferencias de cada familia, y el acompañante para dar apoyo, mimos y ánimos, y hacer de intermediario; todos ellos hicieron una labor de quitarse el sombrero. Pero para parir está la madre y para nacer el bebé, que es el que tiene el trabajo más duro, así es como yo lo veo, y, afortunadamente, lo que viví fue acorde con mis creencias.

 

Y ahora viene la ronda de agradecimientos:

-A la Asociación El Parto Es Nuestro, porque asistir a sus reuniones iluminó realmente mi camino, ha sido fundamental ese espacio de compartir experiencias e inquietudes.

-A la musicoterapeuta Carla López, de Musicoterapiactiva, por su acompañamiento musical durante el embarazo que tanto placer y bienestar nos han aportado a ambos, y por todos los recursos que nos ha ido facilitando en el proceso.

-Al espacio Arkhé, por ofrecer un entorno y unas actividades tan coherentes con las necesidades de una futura mamá y su bebé. Y, especialmente, a Aida (de Planmai) y a Ana, por ponerle tanto mimo y profesionalidad a su trabajo.

-Al Hospital Virxe da Xunqueira, por su fantástico protocolo de atención al parto (y al pre y al post), por la magnífica atención de su equipo, por promover cosas tan importantes como el piel con piel, la lactancia materna, el respeto a las decisiones de la familia, la comodidad de los usuarios… Y, especialmente, a Isa, la matrona que nos acompañó esa mañana tan especial.

-A mi marido y a todos aquellos miembros de la familia, amigos, etc. que nos han acompañado y apoyado incondicionalmente en este proceso.

5 consejos para un embarazo feliz

A puntito de salir de cuentas, no me puedo creer que esto se acabe ya… La verdad es que he disfrutado muchísimo de mi primer embarazo. Reconozco que he tenido mucha suerte, apenas he tenido molestias, y las pocas que me han tocado han sido muy llevaderas; pero bueno, cada una puede hablar de su experiencia y, como la mía está siendo tan buena, me apetece compartirla. Así que ahí van mis 5 consejos para vivir un embarazo feliz:

-Mantente en forma. No se trata de hacer ejercicio a lo bestia, por supuesto, hay que tener cuidado, pero es importante permanecer en movimiento, siempre buscando actividades que te resulten agradables, no hay necesidad de sufrir. Yo, por ejemplo, los primeros meses estuve haciendo taichi (ya lo hacía antes del embarazo) y luego empecé con cosas más específicas para embarazadas: actividades acuáticas, educación corporal, pilates, musicoterapia, y, por supuesto, caminar todo lo posible y ejercitar el suelo pélvico. Parece mucho, pero qué va, cada semana un par de horas de actividades dirigidas y algún ratito por mi cuenta, con toda la calma; por ejemplo, para ejercitar el suelo pélvico aprovechaba un trayecto en bus, o viendo una peli.

-Mímate y déjate mimar mucho mucho. Una de esas cosas curiosas que he experimentado en este proceso es que las sensaciones parecen multiplicarse. Lo que desagrada, ahora desagrada más, pero lo placentero es mucho mas agradable. Así que toca disfrutar al máximo de aquello que te guste (un baño calentito, un masaje, un paseo por la orilla…).

-Tómate las visitas al médico como lo que son, trámites, sin más. Aquí sí puedo decir que hemos tenido mala suerte, ya que no han parado de cometer errores (tipo dar mal una cita, recoger mal los datos de una eco, equivocarse con los tubos de una analítica… de todo); así que no ha quedado más remedio que tomárselo con humor y mucha paciencia, total, ¿para qué amargarse? No digo que no haya que quejarse y reclamar, pero la prioridad en estos momentos es el bienestar de mamá y del bebé, y eso va por delante de todo, así que hay que jugar bien las cartas.

-Infórmate. Este es un mundo muy complejo (embarazo, parto, lactancia, crianza, artículos de todo tipo…), pero a día de hoy tenemos la gran suerte del acceso inmediato a la información, y hay que aprovecharlo. Siempre siendo selectivo y con criterio, no te puedes creer todo lo que oigas y/o leas, hay que contrastar y buscar información fiable; y tener en cuenta tus propias opiniones y tu instinto, que no existe una manera correcta de hacer las cosas. Yo, por ejemplo, soy seguidora de Rosa Jové y de Carlos González, porque estoy de acuerdo con sus propuestas; y me está resultando de gran ayuda acudir a las reuniones de la asociación El Parto es Nuestro. Pero esto es simplemente lo que a mí me encaja, en mi situación actual, cada uno debe encontrar aquello con lo que se sienta cómodo.

-Selecciona tus batallas. Ten muy claro desde el principio que todo el mundo va a opinar sobre todo, con más o menos tacto, abiertamente o cuando des la espalda, con curiosidad o con agresividad… es inevitable. Y no todos los conflictos merecen la pena, así que elige. A mí me cuesta gestionarlo, es complicado no sufrir cuando te sientes atacada o incomprendida en un momento tan vulnerable, pero ahora más que nunca hay que invertir energía en aquello que la merezca, así que mejor respira y analiza la situación antes de implicarte en una batalla que no te va a aportar nada productivo, y lucha sólo en aquellas que sí merezcan la pena. Sólo tú puedes saber cuál es cuál.

 

Bueno, resumiendo, busca siempre el bienestar. Cada uno tiene su punto de equilibrio y sólo tú conoces el tuyo. Compártelo con tu bebé y listo, no hay más :)