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Llegados a este punto… estoy cansada

Sí, estoy cansada. Diréis: “Normal, con un niño pequeño, lactante, que no va a la guardería, etcétera etcétera…”. Pues no, no es la Sabina mamá la que está cansada. La Sabina mamá es una persona muy feliz, es la versión más feliz de Sabina que conozco (y no digo que a veces no me encuentre agotada de atender a mi hijo, y que viva esa terrible contradicción entre desear con todas mis fuerza pasar tiempo con él y a la vez que se duerma o que otra persona se lo lleve a dar un paseo… pero eso es para otro post, jeje). Tampoco es la Sabina que limpia la casa la que está cansada, lo cierto es que cada vez me exijo menos y me organizo mejor. Ni la Sabina pareja, en ese aspecto también soy una persona muy feliz y me siento querida, apoyada, respetada… y lo paso de maravilla cuando comparto tiempo con mi pareja. No es la Sabina “estudiante” (por llamarlo de alguna manera), siempre busco cómo aprender cosas nuevas, cómo formarme, pero eso es porque siempre me apetece.

Bueno, podría seguir así un rato, pero mejor voy al grano. La Sabina que se siente cansada, harta, frustrada y hasta los huevos, es la Sabina trabajadora. Más específicamente, la Sabina que trabaja desde hace unos 14 años en el ámbito de la Educación No Formal. Le he puesto pasión y corazón. He tenido tantos trabajos diferentes que hasta yo me pierdo. Es cierto que hay 3 principales: profesora de inglés, monitora de campamentos y directora de mi propia empresa de ocio educativo (se llamaba Planeta Alicia, este blog nació con ella); pero en serio, incluso dentro de estos 3, si me pongo a detallar, podéis flipar, y como añada el resto de la lista, tendría que dividir el post en varias partes, así que voy a sobreentender que os hacéis una idea.

Hace tiempo que no me siento a gusto en este ámbito laboral. Ahora mismo me muevo entre actividades con las que me siento cómoda y en las que creo, pero que no me aportan ninguna estabilidad, ni seguridad, ni me llegan para cubrir las necesidades mínimas; y otras que puntualmente sí me aportan esas cosas, pero en las que ya no creo. Y no se trata ni siquiera de decidir entre unas u otras, ya que ninguna de las 2, por sí solas, es suficiente. Y así ha sido siempre, rascando de aquí y de allá, compaginando todo lo compaginable, rebuscando qué nueva faceta podía aportar a este mundillo.

No me entendáis mal, yo quiero trabajar, me gusta trabajar. De hecho, si no necesitara trabajar, no dejaría de hacerlo. Y no me arrepiento de nada, todo lo que he hecho me ha aportado muchísimo (aprendizaje, autoconocimiento…). Simplemente he llegado a un punto en el que quiero un cambio, y uno grande.

El punto de inflexión, después de todos estos años de locura laboral, ha sido este verano. Hace 10 años trabajé por primera vez en un campamento. Desde entonces, lo he vuelto a hacer muchas veces (urbanos e intensivos, con niños, con adolescentes, con adultos con diversidad funcional, he sido monitora de apoyo de niños con necesidades especiales, he trabajado en A Coruña, Valencia y Logroño…) y siempre he dicho que trabajar en campamentos era lo que más me gustaba. Con toda esta experiencia a mis espaldas y creyendo que pisaba terreno seguro y conocido, voy y me encuentro con el verano más duro y alguna de las jornadas más surrealistas de toda mi carrera. Los motivos son muchos y variados (no voy a entrar en ellos, evidentemente), pero la cuestión es que he descubierto que ya no me gusta, que ya no es lo que quiero. Como soy una buena profesional, hago muy bien mi labor, independientemente de todo esto; pero creo que es un trabajo que debe hacerse con otro sentimiento. Un sentimiento que tuve, que quizá vuelva a tener, pero que ahora mismo no tengo.

Lo que sí tengo es una idea muy clara de lo que quiero: estabilidad. Jajaja, no pido casi nada; creo que me he equivocado de generación, de sector profesional y de mentalidad (la emprendedora). Pero realmente lo tengo muy claro, es lo que quiero y estoy dando los pasos para conseguirlo. Ahora bien, no puedo trabajar en algo en lo que no crea, no soy capaz de vender un producto u ofrecer un servicio si no me siento conectada con ello. Así que ahí va mi deseo completo:

Quiero un trabajo a media jornada, preferiblemente por las tardes (disponer de tiempo para la familia es primordial para mí; además, siempre voy a tener más de un proyecto en la cabeza, no puedo evitarlo), en A Coruña, en un espacio donde se vendan productos de crianza,  juguetes, libros.. (es decir, cualquier sitio donde se ofrezcan recursos educativos o para las familias). Si además es un espacio donde se presten servicios relacionados (tipo talleres, cuentacuentos…), mejor que mejor. Y si es un lugar que ofrece actividades en inglés para peques a partir de 3 años, pues también maravilloso. En cualquiera de ellos puedo aportar muchísimo, ya que sé de educación, sé de gestión, sé de atención al público (pues sí, aparte de todo lo que os he contado, también he sido dependienta, camarera y acomodadora… que sí, que soy un culo inquieto), estoy acostumbradísima al trato con familias, me gusta gestionar redes sociales… y además, si creo en el producto, me sale venderlo de forma natural (estos productos los conozco bien, tanto como profesional/educadora, como madre e, independientemente de lo anterior, como persona apasionada de la crianza y la educación). Creo que mi deseo es totalmente coherente, y quería plasmarlo por escrito porque, aunque llevo unos meses con este proceso y ya he dado algunos pasos, ha llegado el momento de ponerme las pilas e ir a por todas, y nada mejor que expresarlo y dejar constancia para darme el empujón que necesito.

Deseadme suerte 😉

Proponemos actividades: crea tu propio reloj

Otro curso que termina, alumnos de los que me despido para siempre, otros a los que volveré a ver en unos meses… Y, como siempre, mucha experiencia y mucho aprendizaje, siento que más para mí que para ellos, jeje. Cada año es tan enriquecedor en tantos aspectos; es lo que tiene trabajar con personas, todos tenemos mucho que aportar y mucho que compartir, y en la relación entre educador y educando suceden tantas cosas…

Bueno, dejo de divagar y me centro, que hoy quiero contaros algo muy concreto. Quiero compartir una de las actividades que hemos realizado este año en las clases de inglés: hemos aprendido a decir la hora con un reloj interactivo muy especial. Hace un tiempo me encontré con esta interesante propuesta: un reloj Montessori DIY. Se me quedó el gusanillo de hacer algo similar, adaptado a mis necesidades (bueno, a las de mis alumnos). Y esto es lo que salió, mi propio reloj inspirado en Montessori. Te lo cuento paso a paso.

Primero, preparé una plantilla muy sencillita para imprimir. En vez de círculos, opté por cuadrados para insertar los números, para facilitar el trabajo de recortar. La imprimí en un folio y recorté el contorno y los huecos para los números.

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Elegí 2 colores de goma eva (verde y rosa, pero eso al gusto, claro) y utilicé la plantilla para recortar el verde y vaciar los cuadraditos.

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Con el rosa, en cambio, recorté un círculo por un lado, para utilizarlo de base, y utilicé otro trozo para los cuadrados. Después los numeré con un rotulador permanente:

-Los verdes: del 1 al 12, para marcar las horas.20170418_115105[1]

-Los rosas: 00, +05, +10… -10 y -05, para indicar los minutos.

Luego los pegué entre sí por parejas: el 1 verde con el +05 rosa, el 2 con el +10…

El círculo verde va pegado sobre el rosa, y ya se pueden colocar los números; como el de abajo no tiene huecos, los números sobresalen, como si estuvieran en relieve, y son muy fáciles de poner y quitar.

20170419_125106[1]Sólo faltaban las agujas, la rosa más larga, que es la que indica los minutos. Con un sacabocados, les hice agujeritos en un extremo. Cogí un trozo de goma eva sobrante e hice algunos agujeritos más, para tener varios circulitos sobre los que enganchar las chinchetas, una por delante y otra por detrás, para no pincharnos al manipular el reloj.

 

¡Listo! ¡A jugar!

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¡Ah! Para facilitar el aprendizaje de las horas en inglés, utilicé unos cartelitos donde escribí con letra cómo se dice cada una. Así, como primera actividad, jugamos a colocar cada cartelito en el lugar que corresponda. Después vamos preguntando y diciendo la hora y, cuando se van sintiendo seguros, retiramos los cartelitos y seguimos jugando. Por último, dejaríamos de utilizar los números rosas. Pero sin prisa, respetando como siempre el ritmo de aprendizaje de cada uno y divirtiéndonos con el proceso. Además, hay que tener en cuenta que a los niños el concepto del tiempo les cuesta mucho, es algo que les resulta muy ajeno, así que nos toca ser empáticos y muy pacientes a la hora de trabajar estos conceptos.

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Espero que os haya gustado y que os resulte útil esta propuesta. Y, si os animáis a hacer vuestro reloj, contádnoslo, porfi 😉

Me entrevistan

Hace unas semanas contactó conmigo una compañera con la que había trabajado en campamentos urbanos. Ahora está estudiando un Máster y para el proyecto que está realizando necesitaba entrevistar a alguien del gremio. Así que me lo pidió a mí, y yo encantadísima :)
Os dejo aquí la entrevista.
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Cómo te definirías como educadora?
Me considero una acompañante del proceso de desarrollo de cada educando con el que trabaje, y como tal procuro facilitarle los recursos, el espacio, el apoyo…, en definitiva, el mejor contexto para optimizar ese proceso; siempre atendiendo a la individualidad de cada usuario, respetando su libertad, procurando predicar con el ejemplo y  conectando con el aprendizaje de una manera divertida, significativa, interesante y alegre.
Por qué decidiste dedicarte a este sector profesional?
 Más que una decisión fue una sucesión de acontecimientos que me llevaron a tomar contacto con el ámbito de la Educación No Formal, y descubrí en ello mi pasión. Yo había estudiado Magisterio, pero no por vocación, sino por cuestiones prácticas. En cuanto empecé la carrera, fui consciente de que lo mío no iba a ser trabajar en un colegio. Al año de obtener la diplomatura me puse a trabajar en una asociación en la que hacía de todo; llevaba una amplia variedad de actividades (todas las de música, teatro, ajedrez, apoyo escolar…), con menores en situaciones varias (diversidad funcional, riesgo de exclusión social, hiperactividad…), además de todo tipo de tareas (atención al público, cuestiones administrativas, limpieza…).Fue un trabajo muy duro, pero, por primera vez en mi vida, me sentí en mi elemento. Desde entonces, nunca he dejado de trabajar en esto, de maneras muy diferentes, pero siempre en el mundo de la Educación No Formal.
Qué te llevó a montar tu empresa?
Estuve un año en la asociación y, durante los 3 siguientes, fui de trabajo en trabajo sobreviviendo malamente entre extraescolares, clases particulares, campamentos, animación en eventos… Y tenía la sensación de que cada vez iba a peor. Yo sentía que hacía bien mi trabajo, y que tenía mucho que ofrecer, pero las condiciones laborales eran un desastre, pura inestabilidad, y estaba muy lejos de vivir con un mínimo de comodidad. Quería mejorar mis condiciones laborales y ofrecer un servicio de calidad, esas fueron mis grandes motivaciones.
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Qué titulación académica tienes relacionada con el sector
ocio educativo y animación sociocultural?
Soy Monitora de Ocio y Tiempo Libre. Aparte de eso, estoy dilomada en Magisterio, en la especialidad de Educación Musical y he hecho un montón de cursos monográficos y formaciones varias (Primeros auxilios infantiles, Pintacaras, Espacios educativos creativos de La Pedagogía Blanca…).
Encuentras muchas dificultades en tu trabajo a nivel administrativo?
En mi trabajo y en la vida en general, lo cierto es que a nivel administrativo todo me parecen dificultades, creo que es un sector que funciona sencillamente mal (no por los profesionales, sino por el sistema). Cuando la empresa estaba en activo, una de las mayores cargas eran este tipo de tareas, especialmente todo lo que tenía que ver con Hacienda.
Qué dificultades encontraste para tener que dejar tu empresa?
Qué nuevo camino tomaste después?
Se juntaron varias cosas. Por un lado, la falta de experiencia en el ámbito empresarial (no tenía ni idea de marketing, por ejemplo, algo que ahora considero fundamental). Por otro, el hecho de no tener un local. Dada mi situación, decidí ofrecer el servicio sin disponer de un espacio propio, pero, al tener una filosofía tan personal, era muy difícil llegar a la gente; creo que no se llegó a entender el tipo de servicio que ofrecía, o quizá, sencillamente, no había nicho de mercado para ello. Lo cierto es que mi principal fuente de ingresos fueron los cumples, algo que yo a priori ni siquiera iba a ofrecer. Yo quería hacer actividades de ocio educativo multidisciplinares (extraescolares, campamentos, talleres…) y apenas tuve ocasión. Por último, y lo más determinante, a nivel económico no podía mantenerme; tenía trabajo regularmente y mis ingresos, para ser una empresa tan pequeña y de reciente creación (duró menos de 3 años) creo que eran razonables. Pero la cuota de autónomos era una losa con la que no podía convivir; si fuese proporcional a los ingresos, como en otros países, puede que mi empresa siguiese abierta y muy evolucionada hoy en día, pero con este sistema fue inviable.
Al cerrar volví a lo de antes (particulares, extraescolares, campamentos…), pero ahora me tomo el trabajo de otra manera, especialmente desde que me quedé embarazada unos meses después. Tengo mucha experiencia a mis espaldas, he visto el sector desde otro punto de vista y, aunque mi filosofía educativa no ha cambiado (más bien se va afianzando con los años), mi actitud sí. No tiene sentido sufrir, así que en cada trabajo busco la manera de ser coherente conmigo misma y de estar cómoda, predicar con el ejemplo y tener una convivencia sana con el resto del equipo. De todas formas, mi objetivo sigue siendo el autoempleo, de momento estoy buscando una opción viable, en proceso de definir un nuevo proyecto.
Qué corrientes pedagógicas y educativas utilizas en tus actividades?
Este es un tema complejo para mí, ya que desde siempre he tendido hacia la educación alternativa, pero ningún método me convence del todo. En cuanto conocía alguno e indagaba un poco, enseguida me sentía encorsetada. Y como creo que cada ser es diferente, opino que no existe un método válido para todos. Para mí lo fundamental es conocer a la persona con la que estoy trabajando, y así adaptar el acompañamiento, las actividades, los materiales, el espacio… Creo que tengo un estilo bastante personal, utilizo los recursos que me va dando mi propia experiencia vital. La única corriente que me ha convencido de momento es La Pedagogía Blanca; pero precisamente por eso, porque no se basa en un sistema, sino en una serie de principios que se pueden aplicar de infinitas maneras.
Si algo me define, creo que es el carácter lúdico, para mí el juego es el recurso de aprendizaje más importante; pero no vale para todos los usuarios ni para todas las situaciones, ojalá… Uno de mis materiales favoritos son los juegos de mesa, y suelo incluir el proceso de elaboración en mis actividades.
Qué es la musicoterapia y por qué la utilizas?
La musicoterapia es el empleo de la música con carácter terapéutico (a través del uso de la voz, del movimiento, propuestas rítmicas, con instrumentos…). Yo no la utilizo, porque no soy musicoterapeuta. Pero la conozco como usuaria. Tanto durante el embarazo como ahora con mi bebé, acudimos todas las semanas a una sesión de musicoterapia. Es un gran recurso para favorecer el vínculo, ya que la música es un lenguaje universal que sirve para comunicarnos antes de que empiece el lenguaje oral. La música para mí es una compañera fundamental, en el trabajo, en mi vida personal y ahora en la familiar, en casa se respira muchísima música.
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Utilizas la naturaleza y el medio ambiente
como elementos importantes de las actividades y talleres que ofertas?
Por qué consideras que es importante para la educación de tus participantes?
Procuro utilizarlos siempre que puedo y, desde luego, intento promover un consumo responsable y unos principios de cuidado del entorno en todo contexto educativo, me parece fundamental. El contacto con la naturaleza es importante para entender cómo funciona el mundo, cuál es el origen de las cosas y cómo ha ido evolucionando todo a medida que las personas hemos ido interviniendo; también nos aporta salud, y muchas experiencias a nivel sensorial de las que creo que es importante ser conscientes cuanto antes. Un ejercicio que me encanta es cerrar los ojos y escuchar durante unos minutos, practicar la escucha activa y consciente, y luego hacer una puesta en común; si se puede hacer esto con los mismos usuarios en un contexto urbano y en otro natural, creo que pueden aflorar experiencias muy significativas. Por otra parte, hay que acostumbrarse a que, aunque los que realmente dañan el medio son los “grandes” (empresas, fábricas…) y eso escapa a nuestro control, sí que podemos aportar pequeñas acciones que, unidas, se convierten en grandes, y eso intento transmitir a los peques (y a los mayores), sobre todo predicando con el ejemplo y explicando las cosas, no imponiendo normas que para ellos quizá no tengan sentido.
Qué visión tienes de la educación no formal?
La Educación No Formal es mi mundo, mi hábitat, no podría vivir sin ella. Creo que es donde se aprende lo más importante, ya que, tal como funciona el sistema, es donde se viven experiencias más significativas, donde el trato entre educador y educando es más personal, donde puedes profundizar desde pequeño en aquello que te apasiona…. Yo no recuerdo los cientos y miles de cosas que memoricé en la escuela, pero tengo imágenes muy claras de actividades que realicé en campamentos, en un taller de arte y manualidades al que acudí durante años, en las clases de música… Son experiencias que, en mi opinión, nutren mucho más que las de la escuela (al menos que la escuela convencional).
Ahora, en cuanto a la situación de la Educación No Formal, mi visión no es tan bonita; creo que no se valora, que no hay apoyos, que las condiciones laborales de los monitores, educadores y demás son de vergüenza (aunque últimamente han mejorado un poco)… Hay lugares que funcionan de maravilla, pero normalmente son empresas privadas que, al estar ahogadas por sus cuotas de autónomos, impuestos, alquileres y demás, tienen que cobrar un precio por las actividades que muchos no se pueden permitir, así que las actividades de calidad suelen quedar sólo para unos pocos.
Qué valoraciones de los clientes obtienes
respecto a las actividades que realizas?
Muy buenas, la verdad es que en ese sentido me siento muy satisfecha. Por norma, mis clientes (y mis usuarios) suelen quedar muy contentos con el servicio. Siempre hay alguna excepción, pero suele ser resultado de diferencia de enfoque o de entendimiento de la labor educativa, diferente filosofía del trabajo en definitiva. Me suelen decir que son actividades distintas a las que están acostumbrados y que los niños se lo pasan bien.
Qué supone para ti ser directora de actividades
y tener un equipo de trabajadores a tu cargo?
Una gran responsabilidad y un gran orgullo. Siempre que he trabajado en equipo siendo yo la responsable de la actividad he procurado que todos estuviésemos al mismo nivel a la hora de ejecutar las actividades. Yo me encargaba de organizar y, dependiendo de la situación, de tomar ciertas decisiones (además de tener la responsabilidad última de todo lo que pasase, por supuesto). Pero una vez concretada la labor de cada uno, todos adquirimos el mismo grado de responsabilidad, cada uno en su parcela. También he estado muy atenta al cuidado del equipo, que estén cómodos, que tengan todo lo necesario (siempre una botella de agua para cada uno, especialmente en las animaciones, que son largas y requieren mucha energía), que se sientan escuchados y respetados. Yo no creo que el empleador esté haciendo un favor al empleado, es una relación de mutuo beneficio, uno no puede funcionar sin el otro.
Cuál ha sido tu experiencia más gratificante en tu vida profesional?
Tener la oportunidad de llevar a cabo un proyecto propio (co-creado junto a una compañera). Casi siempre he ejecutado proyectos ajenos o, cuando eran propios, el cliente marcaba hasta tal punto las directrices que ya no lo sentía como tal. Pero esta vez lo conseguí. Y funcionó tan bien que tuvimos la ocasión de repetir con unos cuantos grupos. La actividad se llama Con-Sentidiños, y la llevamos a cabo en el Museo de Bellas Artes de A Coruña; además, pudimos adaptarla a dos formatos, uno para niños acompañados de adultos, y otro para adultos con diversidad funcional y/o en riesgo de exclusión social. Y ambos funcionaron de maravilla, fue un gran éxito, realmente gratificante.
CON-SENTIDIÑOS. Nosotras
El hecho de ser mujer,
supuso un problema para ti a la hora de montar tu propio negocio?
Lo cierto es que no lo sentí así, claro que en este sector somos gran mayoría de mujeres, y eso se nota. Puede que haya habido alguna situación adversa, pero se juntaban varios factores: ser mujer, ser joven, y mi falta de experiencia empresarial.
Qué piensas que debe de tener un buen líder?
Humildad, ser consciente siempre de que hay mucho por aprender y de que todos tienen algo que enseñar. Coherencia: lo que piensas, lo que sientes, lo que dices y lo que haces deben estar en consonancia (esta es una idea que le cojo prestada Laura Mascaró, aunque ella la aplica al hablar de crianza, creo que se puede extrapolar a cualquier contexto). Ser un buen mediador, ser capaz de pedir disculpas cuando te equivocas, y de guiar al grupo cuando sea necesario. Saber escuchar, saber transmitir.
De qué manera actúas frente a los problemas?
Ante los conflictos, diálogo. Ante un problema que no sé cómo resolver, busco ayuda. Soy muy partidaria de hacer listas de pros y contras para tomar decisiones. En cualquier caso, siempre hay que mantener la calma y, de nuevo, apelo a la coherencia.
Alguna vez has tenido que delegar responsabilidades en alguien?
Qué criterio seguiste?
Valoro el grado de confianza que tengo con esa persona, su eficiencia y profesionalidad, su experiencia para la tarea en concreto que deberá desempeñar y si compartimos la misma línea de pensamiento  respecto a la educación.

¿Pides permiso cada vez que vas al baño?

Uno de esos hábitos que tendemos a inculcar a los niños y que, si te pasar a pensarlo, no se va a corresponder con la realidad en su vida adulta (a no ser que estén en prisión), es el de pedir permiso para ir al baño. Lo tenemos interiorizadísimo. En la escuela (o en campamentos, actividades extraescolares…) hay una norma que se repite una y otra vez: si quieres ir al baño tienes que levantar la mano y, cuando te concedan la palabra, pedir permiso para ir, a ver si te dejan o no. Imaginaos el mismo proceso en otro contexto, o con otra edad; resulta ridículo, ¿verdad?

El tema es, ¿cuál es el objetivo de esto? Para mí se reduce a una cuestión de seguridad. Cuando un adulto está a cargo de un grupo de menores, es necesario tener controlados a todos los miembros en todo momento. Por tanto, si uno va al baño hay que saberlo. ¿Creéis que los niños tienen esta idea en la cabeza? Porque yo creo que lo que les estamos transmitiendo con este proceso es sumisión y falta de respeto a su intimidad y a sus necesidades. ¿A qué viene que todo el grupo se entere de que esa persona va al baño? ¿Y si es una persona pudorosa y, por no decirlo en voz alta, se aguanta las ganas, lo cual es contraproducente para su salud?

Para mí, este es sólo un ejemplo de cómo la escuela (y hablo de la escuela convencional y generalizando, sé que hay centros y profesionales que manejan el tema de una forma más respetuosa y coherente) es un ambiente artificial, poco significativo en el mundo real, y peligrosamente parecido al sistema penitenciario en muchos aspectos.

Ah, y otro proceso habitual, el de llevar a todos los niños al baño a la vez y obligarles a hacer pis. A mí me resulta surrealista. Entiendo que a veces, por cuestiones de tiempo, estructura de los espacios, ratios y demás, es más práctico llevar a todo el grupo al baño a la vez en determinados momentos. Y yo, como educadora profesional que soy, también lo hago. Pero obligar a alguien a hacer pis… no me entra en la cabeza; quien quiera que vaya y quien no, pues no.

Yo, si un niño me pide para ir al baño, le dejo ir; de hecho suelo contestar: “Por supuesto”, porque no concibo que alguien no pueda ir al baño cuando quiera. Evidentemente, si con un niño o grupo concreto el tema se complica porque utilizan las visitas al baño para otras cosas, pues habrá que gestionarlo y aplicar medidas. Pero no creo que a priori haya que considerar que va a haber problemas, hay que prevenir y, en caso de que surjan, buscar soluciones, pero siempre con respeto y coherencia.

He aquí mi propuesta: plantear a los menores las cosas como son, ni más ni menos. Explicarles que necesitamos saber dónde están si abandonan el espacio común, porque si no, no nos enteraríamos si les pasara algo; así que es necesario que, cuando necesiten ir al baño, nos avisen antes de salir. Es mejor que se acerquen al adulto y se lo comuniquen en bajo, para no interrumpir la dinámica del grupo. Y ya está, es muy sencillo. Cambiar el “pedir permiso” por el “avisar”.

¿Tú cómo manejas este asunto? ¿Y cómo te gustaría que lo hubieran manejado cuando ibas a la escuela?

Lecturas recomendadas: “Cómo multiplicar la inteligencia de su bebé”

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Yo no soy de métodos, me gusta tomar lo que me sirve y utilizarlo a mi manera, sin doctrinas y sin cerrarme a otras opciones. Pero cuando descubrí este método, leyendo a Laura Mascaró, me llamó mucho la atención y me dio muchísima curiosidad. Especialmente, porque la “Ley Infalible” es:

“Si usted no lo está pasando de maravilla, o si su hijo no lo está pasando de maravilla, déjenlo. Están haciendo algo mal”

Así que decidí comprar el libro y profundizar un poco en el tema.  Aún no hemos empezado a aplicarlo, pero la verdad es que la teoría me ha convencido y me apetece mucho ponerme a ello; en los próximos meses empezaremos el programa de lectura, ya os iré contando.

Para introduciros un poco en el tema, lo que propone Doman es una serie de programas a realizar con el bebé para introducirle en la lectura, las matemáticas, etc a través del juego. Todo con materiales que fabricas tú en casa (con cartulina blanca, rotuladores y poco más); las actividades se distribuyen en sesiones muy breves en las que se van introduciendo poco a poco elementos nuevos (por ejemplo, la lectura empieza con palabras sueltas, luego pasas a las parejas de palabras, luego oraciones…). En la sesión tomas un conjunto de cartulinas, las muestras al bebé y le dices lo que pone. Todo ello siguiendo unas pautas y recomendaciones muy concretas pero, a mi modo de ver, muy coherentes, y lo suficientemente abiertas como para que se puedan adaptar a cada caso particular (que es algo para mí fundamental, no todos los niños son iguales, ni todos los adultos, ni todas las circunstancias… así que la flexibilidad nunca sobra).

A mí se me presenta un dilema con todo esto, y es que no soy partidaria de sobreestimular a los niños, y considero perfectamente válido no forzar el aprendizaje de la lectura y esperar a que cada uno aprenda cuando quiera (creo que, en la sociedad en que vivimos, van a  aprender de un modo u otro, siempre que en su contexto se les motive mínimamente: que vean que los adultos leemos, que compartamos lecturas con ellos, que juguemos con la palabra escrita…). Pero, por otra parte, la lectura es la puerta a la gran mayoría del resto de aprendizajes, y facilitar ese recurso cuanto antes no está de más. Además, si realmente aprenden así y podemos ahorrarles el tedio de “la M con la A, MA…”, pues mejor que mejor. De todas formas, en este método no se pide al niño que lea, ni se le soborna ni nada, se le lee y, si el lee espontáneamente, estupendo, pero si no nada; todo dependerá de la edad en que se realice el programa, del niño y del adulto en cuestión, supongo que habrá de todo.

Yo le leo a mi bebé desde que nació, y ahora, con 5 meses recién cumplidos, disfruta muchísimo de esos momentos y muestra un interés enternecedor. Mi objetivo no es que sea un devorador de libros ni nada parecido, simplemente quiero facilitarle este gran recurso y ya veremos a dónde nos lleva.

¿Alquien ha aplicado este método y quiere compartir su experiencia con nosotros?

 

También te recomiendo:

“La crianza feliz”, de Rosa Jové

“El cerebro del niño”, de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson

Lecturas recomendadas: “El cerebro del niño”

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Este libro llegó a mí por casualidad, no lo busqué, y reconozco que empecé a leerlo recelosa, con algún que otro prejuicio. Pues al final me encontré con una grata sorpresa, es un libro tremendamente ameno y práctico.

El principal concepto que se desarrolla en él es el de integración, es decir: “unir distintos elementos para crear un todo que funcione debidamente”. Esto, aplicado al cerebro (integrar ambos hemisferios, la parte superior con la inferior…). Puede sonar muy técnico todo, ya que es necesario entender a grandes rasgos de qué se ocupa cada parte del cerebro, pero, en definitiva, lo que aporta este libro es un montón de casos prácticos y de consejos de muy sencilla aplicación para ayudar a los peques, a través de la experiencia, a desarrollar un cerebro resistente y bien integrado.

En cada capítulo explica el tema, por ejemplo, la integración de ambos hemisferios, de qué se encarga cada uno, etc. y después aporta una serie de estrategias a aplicar. También ejemplifica con casos prácticos y con viñetas. Y, un detalle que me encanta, aporta recursos gráficos para explicar a los niños de qué va esto del cerebro, sus hemisferios y demás. Al final del libro hay un esquema que se llama “Hojas para la nevera”, que se puede utilizar a modo de recordatorio.

Como veis, el enfoque es tremendamente práctico, y adaptado para que todo el mundo pueda entenderlo, disfrutarlo y aplicarlo.

 

También te recomiendo:

“La crianza feliz”, de Rosa Jové

¿Ya has visto el documental “Enséñame pero bonito”?

Ya compartí en su día mis reflexiones acerca de “La educación prohibida” , “Quando sinto que já sei” e “Imagine Elephants”. Hoy es el turno de “Enséñame pero bonito”.

Cuando se estrenó en youtube lo vi por primera vez, y hace unas semanas tuve el placer de asistir a una proyección a la que siguió un coloquio con su directora Sara Moreno, psicóloga entre otras facetas (puedes visitar la web del documental para conocerla mejor e investigar un poco acerca del proyecto).

Esta película es un recorrido por distintas alternativas educativas en el territorio español. En ella, diversos educadores nos van contando cómo funcionan sus metodologías, cómo son esos espacios, qué opinan de diversos aspectos educativos, cuál es la situación de este tipo de proyectos en España…). De visionado fácil y agradable, con muy buen ritmo y sin florituras, lo recomiendo encarecidamente porque creo que es una realidad que debemos conocer, que tenemos la obligación de conocer (queramos optar por estos sistemas o no, hay que estar informado para opinar, siempre).

En referencia a lo que se habló en el coloquio y en otros eventos similares a los que he asistido, querría puntualizar una cosa. Tenemos el hábito de opinar tajantemente sobre cómo se deben hacer las cosas, lo que nos lleva a consumir mucha energía e invertir mucho tiempo en discutir (tiempo que estamos quitando a los niños, que son los perjudicados de un sistema que no funciona y que no les apoya en su camino -ojo, que no hablo de los profesionales, hablo del sistema-). Y, en este proceso, olvidamos que el objetivo de mejora y de cambio del paradigma educativo, es algo en lo que estamos todos de acuerdo, es eso lo que nos une; no lo olvidemos, porque es fácil convertir eso que nos une en eso que nos separa, y alargar así más el proceso. Yo creo que es importante que cada uno luche a su manera; y que no hay una opción correcta, todo depende (del niño, de la familia, del educador, de las circunstancias, de tantas cosas…). Hay que dejar de lado los egos y atender a los niños, que de eso se trata.

Si te apetece ver este precioso y valiosísimo documental, aquí lo tienes:

 

Si os apetece, podéis completar el visionado con esta entrevista a su directora y a una de las colaboradoras, Laura Mascaró:

Lecturas recomendadas: “La crianza feliz”

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Este libro es, sencillamente, IMPRESCINDIBLE.

Y podría acabar la entrada así, jeje, pero bueno, me extenderé un poquito más.

Rosa Jové, su autora, especialista en psicología infantil y antropología, es una persona a la que admiro muchísimo. Aparte de que coincido prácticamente 100% con sus opiniones y principios acerca de la crianza, su estilo como escritora me resulta delicioso: es cercana, directa, clara y tiene un gran sentido del humor. Además, a lo largo del libro facilita muchísimos recursos complementarios (webs, asociaciones, estudios, artículos, bibliografía…).

Aunque el subtítulo del libro es: “Cómo cuidar y atender a tu hijo de 0 a 6 años”, creo que no debe limitarse su lectura a padres con niños en estas edades, ni siquiera me basta con ampliarlo a los educadores. Creo que es un libro válido para cualquier persona que viva en sociedad, porque, como he dicho muchas veces, todos somos agentes educadores, de una manera más o menos directa, y es un tema sobre el que me parece imprescindible estar bien informado.

Especialmente importante es la primera parte, “Una vida en nuestras manos”, ya que habla de conceptos muy generales e interesantes (a mí estas cosas me apasionan, pero creo que, aunque no sean tu tema favorito, puedes disfrutar mucho con esta información, sobre todo, personalmente, he disfrutado muchísimo con el capítulo 2, “El desarrollo armónico del niño”). En la segunda parte, “Quién educa a nuestros hijos”, habla de los distintos agentes educadores y sus roles. Y la tercera, “Soluciones prácticas”, es más una sección de consulta sobre temas concretos (la alimentación, el sueño, las rabietas, el uso del chupete…).

Es muy práctico, porque todo aparece organizado por edades y cada capítulo incluye un resumen final, con lo que puedes ir directamente a lo que te interesa de manera rápida y sencilla (este aspecto también me encanta, porque soy una persona muy estructurada, me gusta tenerlo todo esquematizado y optimizar recursos al máximo).

En serio, no dejes de leerlo, especialmente si estás pensando en tener hijos, vas a tenerlos pronto o ya los tienes; o si dedicas parte de tu vida profesional y/o personal a la educación o cuidado de niños pequeños. Evidentemente, es importante que comulgues con ciertas ideas, por ejemplo, que tu modelo de crianza ideal se base en el amor, el respeto y la empatía como pilares fundamentales; pero, sea este tu caso o no, no rechaces la lectura de esta maravilla, puedes sacarle mucho partido, te lo aseguro. A mí me ha cundido cada frase, de principio a fin, y sé que es un libro que me va a acompañar mucho tiempo, quizá toda la vida.

Espero que este artículo te haya resultado útil y, si te apetece dejar un comentario, me encantaría leerte. Saludos 😉

 

También te recomiendo:

“El cerebro del niño”, de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson