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Non hai berce coma o colo

La música en nuestra familia (y algunas recomendaciones)

Para empezar, os dejo la que viene siendo nuestra banda sonora en casa últimamente:

Se trata de la canción de Chocolata, el primer tema del libro con CD “Máis contos en cantos” (editado por OQO), de Almudena Janeiro, una de nuestras últimas adquisiciones musicales. La verdad es que el ejemplar está lleno de temazos, pero Chocolata debe de tener algo especial, porque desde la primera audición a mí se me pegó y a él le encanta; la uso para dormirle, en la ducha y en cualquier momento.

MAISCONTOSENCANTOS

La música es muy importante para nosotros. Tanto papá como mamá tenemos una relación profunda con ella, él con la percusión y yo con la cuerda. Ambos, aunque de maneras muy diferentes, hemos estudiado música, hemos tocado en grupos, hemos compuesto temas. La verdad es que él es más músico (en el sentido de intérprete), y a mí me gusta más utilizar la música como recurso para mi trabajo. En cualquier caso, como os podéis imaginar, en casa hay muchos instrumentos: violoncello, guitarra, congas y mucha pequeña percusión. ¡Ah, y ahora también un guitalele, que el otro día fue el cumple del peque!

La segunda mitad del embarazo, íbamos a una actividad de musicoterapia prenatal, preciosa y maravillosa, impartida por Carla López, de Musicoterapiactiva. Y también fuimos varias veces a los ensayos del grupo de papá y a conciertos. Todo esto se notó cuando el peque nació; conecta con la música, le relaja, ha sido un recurso importantísimo desde su primer día de vida. Nunca perdemos oportunidad de llevarle a conciertos, de que experimente con instrumentos, escuchamos música con él, cantamos muchísimo… Y al poco de nacer empezamos a ir a la actividad de musicoterapia para bebés que también imparte Carla en su centro; y es una auténtica gozada ver su evolución, cómo va reaccionando, cómo interactúa, se emociona, disfruta… es un tiempo valiosísimo para nosotros.

Quiero haceros un par de recomendaciones más. Hay un disco que nos encanta a los tres desde el principio; las primeras veces que lo escuchamos el bebé se quedaba como hipnotizado. Se trata de una recopilación de versiones de nanas gallegas (cantigas de berce), con unos arreglos espectaculares, yo diría que recomendable aunque no tengas bebés, porque es preciosísimo. Se llama “Non hai berce coma o colo” (editado por Kalandraka).

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Y, por último, “Fíos do querer” (editado por Miudiño), de Cé orquestra pantasma. Este fue su primer concierto, no tenía ni un mes el peque. Fue una presentación del disco en una librería, para niños de 0 a 3 años, y el mío era el más peque de todos. Recuerdo que en cuanto empezó la música se relajó y durmió todo el bolo; se le veía tan plácido y feliz. El repertorio me encantó, son canciones que incluyen propuestas dinámicas para jugar con los niños o para introducir en situaciones de la vida cotidiana, una lindura:

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Aquí os dejo una pequeña muestra de este último:

Antes de despedirme, quisiera puntualizar una cosa. No sólo escuchamos música “para bebés” o música “infantil”, escuchamos de todo, lo que surja o lo que nos pida el cuerpo. En este post os recomiendo 3 discos específicos para niños porque es música que he descubierto a raíz de mi maternidad, no porque considere que haya que diferenciar entre música “para niños” y música “para adultos”. La música es música, para todos, es un lenguaje universal. Creo que lo más importante es que sea significativa para vosotros, eso hará que los peques conecten también con ella. Cread vuestra propia banda sonora familiar sin restricciones 😉

¿Y tú qué? ¿Cuáles son vuestras músicas especiales en familia? ¿Tienes alguna recomendación que te apetezca compartir?

El relato de mi parto: Un parto respetado y feliz

Tenía muchas ganas de contaros la historia de mi parto. Lo primero, deciros que fue totalmente natural, como yo quería, y muy rápido (unas 2 horas de trabajo de parto intenso, que fue lo que pasamos en el hospital, y, en total, unas 8 hora y media). Palabras que se suelen asociar con este proceso, como “miedo”, “nervios”, “trauma”… no van a formar parte de mi relato, porque en ningún momento sentí tales cosas; es cierto que me preparé y me informé (a través de lecturas, consultas a profesionales y a usuarios, reuniones en asociaciones, actividades físicas varias…), y pude ir a parir a donde quería, al sitio que me inspiraba confianza y que me ofrecía lo que buscaba (como os conté aquí), por lo que en todo momento me sentí segura y tranquila. Mi manera de gestionar el dolor fue una suma de movimiento, respiración y vocalizaciones, tirando de recursos que fui conociendo a lo largo del embarazo, pero que apliqué de una manera totalmente instintiva. También quiero resaltar que sólo tengo elogios para el maravilloso equipo que nos atendió en el Hospital Virxe da Xunqueira, tanto en el parto como en las 48 horas posteriores que pasamos ingresados, fue todo maravilloso.

1ªparte: EN CASA

Salí de cuentas un domingo y el lunes por la noche me noté rara, pensé que no me había sentado bien la cena, jeje. Me metí en la cama sobre las 2.00h diciendo “Esta noche no duermo”, pero sin tener ni idea de lo que implicarían esas palabras un rato después. Estaba convencida de que no estaba de parto (me habían dicho que cuando tienes contracciones de parto no tienes dudas, y que el dolor venía de la zona lumbar, y en mi caso era por delante, por debajo de la barriga), pero no estaba cómoda, y a las 4.30h decidí empezar a cronometrar por si acaso. Notaba ciertos picos de dolor (por decir algo, en realidad era una molestia muy llevadera, lo paso mucho peor con la menstruación), pero no eran regulares, aunque sí bastante frecuentes. Sobre las 6.00h me decidí a arrancar al hospital, la cosa se iba poniendo más intensa, aunque seguía siendo bastante suave. Una hora después arrancábamos.

2ª parte: EN EL COCHE

El viaje duraba hora y media, y yo estaba preocupada porque claro, en casa me movía libremente y gestionaba genial las molestias, pero no sabía cómo iba a ser al tener que estarme sentada y quieta… Pues estuve comodísima, no se me hizo nada largo. Lo único un poco duro fue el último cuarto de hora, que tuve un par de contracciones algo más fuertes y entre una y otra no sentí el alivio habitual, por lo demás genial.

3ª parte: EN EL HOSPITAL

Llegamos sobre las 8.30h y nos acompañaron a la sala de partos (un espacio pensado para nuestra absoluta comodidad, con luz tenue, paredes de un color cálido, ausencia de ruido…) , me dieron el típico camisón y me pusieron el monitor durante media hora (no tenía cables, así que pude moverme libremente). La matrona me ofreció un saquito de semillas para darme calorcito en los riñones; cuando venía la contracción, yo me apoyaba en la repisa de la ventana, de pie, y me movía, y ella colocaba el saquito sobre mi zona lumbar y acompañaba mi movimiento.

Cuando me quitó el monitor me hizo un tacto (la única intervención que hubo en todo el proceso) y había dilatado unos 5 o 6 cm. A estas alturas las contracciones eran bastante intensas. Me ofreció llenarme la bañera para seguir dilatando en agua calentita y dije que sí, me apetecía mucho, pero no hubo tiempo. Mientras la llenaban, mi cuerpo me pidió un cambio, y empecé a apoyar una pierna doblada en la cama, mientras la otra seguía en el suelo. Y, de repente, subí a la cama a gatas y ahí me quedé, a cuatro patas. Sentí algo diferente, y empecé a empujar; nadie me dio instrucciones, fue todo totalmente instintivo, y no estaba segura de lo que estaba pasando, no podía creer que fuese tan rápido y tan fácil. A partir de ahí todo resultó muy salvaje, muy primario; yo no podía hablar, sólo centrarme en gestionar mis sensaciones, estirando mi cuerpo y emitiendo vocalizaciones, con una potencia de voz de la que desconocía que fuera capaz. Me saqué el camisón y las gafas, si me preguntaban algo asentía contundentemente con la cabeza, o directamente pasaba de todo. Lo cierto es que, aunque evidentemente todo esto duele, y mucho, lo describiría más como una sensación tremendamente intensa que dolorosa, es algo muy difícil de describir. Un rato después sentí la cabeza y, mientras empujaba para ayudarle a asomar, me di cuenta de que mi bebé estaba a punto de nacer y no le iba a ver (soy muy miope) y grité: “¡GAFAS!”, jejeje. Esta fue la parte más difícil, pero, una vez que estuvo fuera la cabeza, llegó lo más maravilloso que he experimentado en la vida: el expulsivo del cuerpo fue alucinante, no sólo no dolió, sino que me resultó extremadamente placentero y refrescante (de hecho, me dio mucha pena pensar en la cantidad de gente que se perderá esta sensación por miedo a intentarlo; entiendo que mi parto fue muy corto y muy fácil, probablemente en otras circunstancias habría pedido la epidural, pero creo que de entrada merece la pena intentarlo, ese momento es tan gratificante que compensa con creces todo lo demás, al menos en mi caso así fue).

Y ya está, me pusieron a mi bebé encima y tuvimos nuestro piel con piel, no solo respetado, sino muy incentivado por todo el personal. El alumbramiento de la placenta fue muy similar al expulsivo del cuerpecito, ¡una pasada! Tuve un pequeño desgarro, y me dieron 2 puntos, eso sí, me consultaron antes si quería ponérmelos o no. También se implicaron muchísimo en el establecimiento de la lactancia (esto sí que no fue fácil, desde que llegamos al hospital pasaron menos de 2 horas hasta que nació el bebé, pero más de 20 hasta que se enganchó correctamente al pecho).

Soy consciente de que somos muy afortunados de haber tenido un parto tan bueno, pero no creo que todo se deba al azar, en absoluto; ha habido un trabajo de preparación por mi parte muy importante, y, ante todo, creo que es una cuestión de actitud. Yo siempre tuve claro que mi objetivo era dar a mi bebé la mejor bienvenida posible, y ayudarle a salir de mí, que es en lo que creo que consiste parir. Los profesionales están para acompañar el proceso e intervenir lo justo y necesario, o lo que se les demande en función de las preferencias de cada familia, y el acompañante para dar apoyo, mimos y ánimos, y hacer de intermediario; todos ellos hicieron una labor de quitarse el sombrero. Pero para parir está la madre y para nacer el bebé, que es el que tiene el trabajo más duro, así es como yo lo veo, y, afortunadamente, lo que viví fue acorde con mis creencias.

 

Y ahora viene la ronda de agradecimientos:

-A la Asociación El Parto Es Nuestro, porque asistir a sus reuniones iluminó realmente mi camino, ha sido fundamental ese espacio de compartir experiencias e inquietudes.

-A la musicoterapeuta Carla López, de Musicoterapiactiva, por su acompañamiento musical durante el embarazo que tanto placer y bienestar nos han aportado a ambos, y por todos los recursos que nos ha ido facilitando en el proceso.

-Al espacio Arkhé, por ofrecer un entorno y unas actividades tan coherentes con las necesidades de una futura mamá y su bebé. Y, especialmente, a Aida (de Planmai) y a Ana, por ponerle tanto mimo y profesionalidad a su trabajo.

-Al Hospital Virxe da Xunqueira, por su fantástico protocolo de atención al parto (y al pre y al post), por la magnífica atención de su equipo, por promover cosas tan importantes como el piel con piel, la lactancia materna, el respeto a las decisiones de la familia, la comodidad de los usuarios… Y, especialmente, a Isa, la matrona que nos acompañó esa mañana tan especial.

-A mi marido y a todos aquellos miembros de la familia, amigos, etc. que nos han acompañado y apoyado incondicionalmente en este proceso.

5 consejos para un embarazo feliz

A puntito de salir de cuentas, no me puedo creer que esto se acabe ya… La verdad es que he disfrutado muchísimo de mi primer embarazo. Reconozco que he tenido mucha suerte, apenas he tenido molestias, y las pocas que me han tocado han sido muy llevaderas; pero bueno, cada una puede hablar de su experiencia y, como la mía está siendo tan buena, me apetece compartirla. Así que ahí van mis 5 consejos para vivir un embarazo feliz:

-Mantente en forma. No se trata de hacer ejercicio a lo bestia, por supuesto, hay que tener cuidado, pero es importante permanecer en movimiento, siempre buscando actividades que te resulten agradables, no hay necesidad de sufrir. Yo, por ejemplo, los primeros meses estuve haciendo taichi (ya lo hacía antes del embarazo) y luego empecé con cosas más específicas para embarazadas: actividades acuáticas, educación corporal, pilates, musicoterapia, y, por supuesto, caminar todo lo posible y ejercitar el suelo pélvico. Parece mucho, pero qué va, cada semana un par de horas de actividades dirigidas y algún ratito por mi cuenta, con toda la calma; por ejemplo, para ejercitar el suelo pélvico aprovechaba un trayecto en bus, o viendo una peli.

-Mímate y déjate mimar mucho mucho. Una de esas cosas curiosas que he experimentado en este proceso es que las sensaciones parecen multiplicarse. Lo que desagrada, ahora desagrada más, pero lo placentero es mucho mas agradable. Así que toca disfrutar al máximo de aquello que te guste (un baño calentito, un masaje, un paseo por la orilla…).

-Tómate las visitas al médico como lo que son, trámites, sin más. Aquí sí puedo decir que hemos tenido mala suerte, ya que no han parado de cometer errores (tipo dar mal una cita, recoger mal los datos de una eco, equivocarse con los tubos de una analítica… de todo); así que no ha quedado más remedio que tomárselo con humor y mucha paciencia, total, ¿para qué amargarse? No digo que no haya que quejarse y reclamar, pero la prioridad en estos momentos es el bienestar de mamá y del bebé, y eso va por delante de todo, así que hay que jugar bien las cartas.

-Infórmate. Este es un mundo muy complejo (embarazo, parto, lactancia, crianza, artículos de todo tipo…), pero a día de hoy tenemos la gran suerte del acceso inmediato a la información, y hay que aprovecharlo. Siempre siendo selectivo y con criterio, no te puedes creer todo lo que oigas y/o leas, hay que contrastar y buscar información fiable; y tener en cuenta tus propias opiniones y tu instinto, que no existe una manera correcta de hacer las cosas. Yo, por ejemplo, soy seguidora de Rosa Jové y de Carlos González, porque estoy de acuerdo con sus propuestas; y me está resultando de gran ayuda acudir a las reuniones de la asociación El Parto es Nuestro. Pero esto es simplemente lo que a mí me encaja, en mi situación actual, cada uno debe encontrar aquello con lo que se sienta cómodo.

-Selecciona tus batallas. Ten muy claro desde el principio que todo el mundo va a opinar sobre todo, con más o menos tacto, abiertamente o cuando des la espalda, con curiosidad o con agresividad… es inevitable. Y no todos los conflictos merecen la pena, así que elige. A mí me cuesta gestionarlo, es complicado no sufrir cuando te sientes atacada o incomprendida en un momento tan vulnerable, pero ahora más que nunca hay que invertir energía en aquello que la merezca, así que mejor respira y analiza la situación antes de implicarte en una batalla que no te va a aportar nada productivo, y lucha sólo en aquellas que sí merezcan la pena. Sólo tú puedes saber cuál es cuál.

 

Bueno, resumiendo, busca siempre el bienestar. Cada uno tiene su punto de equilibrio y sólo tú conoces el tuyo. Compártelo con tu bebé y listo, no hay más :)