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El relato de mi parto: Un parto respetado y feliz

Tenía muchas ganas de contaros la historia de mi parto. Lo primero, deciros que fue totalmente natural, como yo quería, y muy rápido (unas 2 horas de trabajo de parto intenso, que fue lo que pasamos en el hospital, y, en total, unas 8 hora y media). Palabras que se suelen asociar con este proceso, como “miedo”, “nervios”, “trauma”… no van a formar parte de mi relato, porque en ningún momento sentí tales cosas; es cierto que me preparé y me informé (a través de lecturas, consultas a profesionales y a usuarios, reuniones en asociaciones, actividades físicas varias…), y pude ir a parir a donde quería, al sitio que me inspiraba confianza y que me ofrecía lo que buscaba (como os conté aquí), por lo que en todo momento me sentí segura y tranquila. Mi manera de gestionar el dolor fue una suma de movimiento, respiración y vocalizaciones, tirando de recursos que fui conociendo a lo largo del embarazo, pero que apliqué de una manera totalmente instintiva. También quiero resaltar que sólo tengo elogios para el maravilloso equipo que nos atendió en el Hospital Virxe da Xunqueira, tanto en el parto como en las 48 horas posteriores que pasamos ingresados, fue todo maravilloso.

1ªparte: EN CASA

Salí de cuentas un domingo y el lunes por la noche me noté rara, pensé que no me había sentado bien la cena, jeje. Me metí en la cama sobre las 2.00h diciendo “Esta noche no duermo”, pero sin tener ni idea de lo que implicarían esas palabras un rato después. Estaba convencida de que no estaba de parto (me habían dicho que cuando tienes contracciones de parto no tienes dudas, y que el dolor venía de la zona lumbar, y en mi caso era por delante, por debajo de la barriga), pero no estaba cómoda, y a las 4.30h decidí empezar a cronometrar por si acaso. Notaba ciertos picos de dolor (por decir algo, en realidad era una molestia muy llevadera, lo paso mucho peor con la menstruación), pero no eran regulares, aunque sí bastante frecuentes. Sobre las 6.00h me decidí a arrancar al hospital, la cosa se iba poniendo más intensa, aunque seguía siendo bastante suave. Una hora después arrancábamos.

2ª parte: EN EL COCHE

El viaje duraba hora y media, y yo estaba preocupada porque claro, en casa me movía libremente y gestionaba genial las molestias, pero no sabía cómo iba a ser al tener que estarme sentada y quieta… Pues estuve comodísima, no se me hizo nada largo. Lo único un poco duro fue el último cuarto de hora, que tuve un par de contracciones algo más fuertes y entre una y otra no sentí el alivio habitual, por lo demás genial.

3ª parte: EN EL HOSPITAL

Llegamos sobre las 8.30h y nos acompañaron a la sala de partos (un espacio pensado para nuestra absoluta comodidad, con luz tenue, paredes de un color cálido, ausencia de ruido…) , me dieron el típico camisón y me pusieron el monitor durante media hora (no tenía cables, así que pude moverme libremente). La matrona me ofreció un saquito de semillas para darme calorcito en los riñones; cuando venía la contracción, yo me apoyaba en la repisa de la ventana, de pie, y me movía, y ella colocaba el saquito sobre mi zona lumbar y acompañaba mi movimiento.

Cuando me quitó el monitor me hizo un tacto (la única intervención que hubo en todo el proceso) y había dilatado unos 5 o 6 cm. A estas alturas las contracciones eran bastante intensas. Me ofreció llenarme la bañera para seguir dilatando en agua calentita y dije que sí, me apetecía mucho, pero no hubo tiempo. Mientras la llenaban, mi cuerpo me pidió un cambio, y empecé a apoyar una pierna doblada en la cama, mientras la otra seguía en el suelo. Y, de repente, subí a la cama a gatas y ahí me quedé, a cuatro patas. Sentí algo diferente, y empecé a empujar; nadie me dio instrucciones, fue todo totalmente instintivo, y no estaba segura de lo que estaba pasando, no podía creer que fuese tan rápido y tan fácil. A partir de ahí todo resultó muy salvaje, muy primario; yo no podía hablar, sólo centrarme en gestionar mis sensaciones, estirando mi cuerpo y emitiendo vocalizaciones, con una potencia de voz de la que desconocía que fuera capaz. Me saqué el camisón y las gafas, si me preguntaban algo asentía contundentemente con la cabeza, o directamente pasaba de todo. Lo cierto es que, aunque evidentemente todo esto duele, y mucho, lo describiría más como una sensación tremendamente intensa que dolorosa, es algo muy difícil de describir. Un rato después sentí la cabeza y, mientras empujaba para ayudarle a asomar, me di cuenta de que mi bebé estaba a punto de nacer y no le iba a ver (soy muy miope) y grité: “¡GAFAS!”, jejeje. Esta fue la parte más difícil, pero, una vez que estuvo fuera la cabeza, llegó lo más maravilloso que he experimentado en la vida: el expulsivo del cuerpo fue alucinante, no sólo no dolió, sino que me resultó extremadamente placentero y refrescante (de hecho, me dio mucha pena pensar en la cantidad de gente que se perderá esta sensación por miedo a intentarlo; entiendo que mi parto fue muy corto y muy fácil, probablemente en otras circunstancias habría pedido la epidural, pero creo que de entrada merece la pena intentarlo, ese momento es tan gratificante que compensa con creces todo lo demás, al menos en mi caso así fue).

Y ya está, me pusieron a mi bebé encima y tuvimos nuestro piel con piel, no solo respetado, sino muy incentivado por todo el personal. El alumbramiento de la placenta fue muy similar al expulsivo del cuerpecito, ¡una pasada! Tuve un pequeño desgarro, y me dieron 2 puntos, eso sí, me consultaron antes si quería ponérmelos o no. También se implicaron muchísimo en el establecimiento de la lactancia (esto sí que no fue fácil, desde que llegamos al hospital pasaron menos de 2 horas hasta que nació el bebé, pero más de 20 hasta que se enganchó correctamente al pecho).

Soy consciente de que somos muy afortunados de haber tenido un parto tan bueno, pero no creo que todo se deba al azar, en absoluto; ha habido un trabajo de preparación por mi parte muy importante, y, ante todo, creo que es una cuestión de actitud. Yo siempre tuve claro que mi objetivo era dar a mi bebé la mejor bienvenida posible, y ayudarle a salir de mí, que es en lo que creo que consiste parir. Los profesionales están para acompañar el proceso e intervenir lo justo y necesario, o lo que se les demande en función de las preferencias de cada familia, y el acompañante para dar apoyo, mimos y ánimos, y hacer de intermediario; todos ellos hicieron una labor de quitarse el sombrero. Pero para parir está la madre y para nacer el bebé, que es el que tiene el trabajo más duro, así es como yo lo veo, y, afortunadamente, lo que viví fue acorde con mis creencias.

 

Y ahora viene la ronda de agradecimientos:

-A la Asociación El Parto Es Nuestro, porque asistir a sus reuniones iluminó realmente mi camino, ha sido fundamental ese espacio de compartir experiencias e inquietudes.

-A la musicoterapeuta Carla López, de Musicoterapiactiva, por su acompañamiento musical durante el embarazo que tanto placer y bienestar nos han aportado a ambos, y por todos los recursos que nos ha ido facilitando en el proceso.

-Al espacio Arkhé, por ofrecer un entorno y unas actividades tan coherentes con las necesidades de una futura mamá y su bebé. Y, especialmente, a Aida (de Planmai) y a Ana, por ponerle tanto mimo y profesionalidad a su trabajo.

-Al Hospital Virxe da Xunqueira, por su fantástico protocolo de atención al parto (y al pre y al post), por la magnífica atención de su equipo, por promover cosas tan importantes como el piel con piel, la lactancia materna, el respeto a las decisiones de la familia, la comodidad de los usuarios… Y, especialmente, a Isa, la matrona que nos acompañó esa mañana tan especial.

-A mi marido y a todos aquellos miembros de la familia, amigos, etc. que nos han acompañado y apoyado incondicionalmente en este proceso.

¿Por qué quiero parir a hora y media en coche de mi casa?

Dentro de aproximadamente un mes conoceremos a nuestro primer hijo, y, por supuesto, queremos recibirle como se merece. Yo siempre he estado convencida de los beneficios de un parto lo más natural (y, por tanto, lo menos intervenido) posible, y sé que en el hospital que me corresponde tengo pocas probabilidades de conseguirlo, incluso las mejores experiencias que he escuchado en ese centro tenían pegas importantes. Así que hemos valorado distintas opciones. El parto en casa quedó directamente descartado, no fue necesario profundizar en el tema, es simplemente una cuestión económica; la privada, evidentemente, idem. ¿Qué nos quedaba? Buscar hospitales públicos con protocolos de parto respetuoso. En Galicia tenemos 2 (igual hay alguno más, ojalá, pero no ha llegado a mis oídos de momento): el Hospital Salnés en Vilagarcía y el Virxe da Xunqueira en Cee.

Decidimos optar por el segundo, partiendo de que ambos presentan a priori las mismas características, este tiene algunos puntos a favor: es el que nos corresponde por zona, al ser mucho menos conocido el acceso es más sencillo(el Salnés tiene solicitudes de toda España), el entorno del hospital es mucho mejor (el de Vilagarcía está un poco apartado y en zona industrial y de carretera; el de Cee, en pleno pueblo y enfrente a la playa, con un parque delante; esto es muy personal, pero es que a mí los pueblos de esa zona me encantan y, claro, verme ahí dando mi primer paseo con mi bebé ya me da subidón).

De momento hemos ido 3 veces: la primera simplemente a pedir cita, la segunda a una consulta en tocología (en la que revisaron la historia de mi embarazo y nos explicaron qué tenemos que hacer en Coruña y qué allí a partir de ahora) y la tercera, esta mañana, una charla con la matrona en la que nos han informado sobre el plan de parto y nos han mostrado la sala de partos. Vengo eufórica, no me puedo creer… todo, ¡ha sido maravilloso!

Voy por partes (hablo en todo momento de mi experiencia personal y de lo que me han contado otras mamás, papás y profesionales, yo no dispongo de la verdad absoluta, pero soy una persona informada e interesada por el tema, como madre, como profesional y como ente social):

-Plan de parto: en Coruña quizá te mencionen en algún momento la posibilidad de entregar un plan de parto (a no ser que te informes por tu cuenta, poco más), o quizá no te enteres de que tal cosa existe hasta después de haber parido. En Cee hay, dentro del protocolo de seguimiento del embarazo, una charla grupal para explicarlo y una cita individual en la que lo cubren contigo. Además en la charla te lo dan, te dan físicamente el documento para que lo cubras; y no es nada alternativo ni radical, es un documento del SERGAS.

-Asesoramiento: sencillamente, en una charla de menos de una hora hemos quedado más tranquilos e informados que en infinidad de citas a lo largo de estos 8 meses (a excepción del anestesista, que nos atendió de maravilla).

-Prioridades: nos dejaron clarísimo que lo importante para ellos es la madre y el bebé, nuestra comodidad, respetar nuestra intimidad y deseos (siempre en la medida de lo posible y de lo razonable, lógicamente); frente a frases tipo “hay que confiar en la ciencia” o “el médico ya se encarga de todo”, esto es otro mundo, en el que te transmiten que el proceso es tuyo y del bebé, y del acompañante si lo quieres.

-Entorno: recalcan la importancia de cuidar mucho el ambiente en el que se va a recibir al bebé para no estresarlo (luz tenue, evitar ruidos y vocerío…).

-Profesionalidad: he de decir que en Coruña hemos tenido muy mala suerte, no hablo de atención médica, sino de burocracia. El programa de pruebas y citas a lo largo del embarazo es muy intenso, implica mucho tiempo y puede resultar bastante estresante. Yo estoy a favor de aprovechar los avances de la ciencia, y ahora tenemos la suerte de saber mucho en ese aspecto, pero creo que no se optimizan los recursos. Hemos acudido a varias citas en las que, básicamente, me pesaban, me medían la tensión, y me comentaban los resultados de la última ecografía, analítica o lo que tocara; a mí esto, a estas alturas, me parece innecesario, creo que tenemos los recursos para evitar acudir al centro de salud y ocupar horas que quizá otras personas necesiten con urgencia para algo que se puede resolver pasando por la farmacia y enviando los datos al centro, por ejemplo. Evidentemente, si hay algo anómalo en las pruebas, sí debes ir y que te atiendan personalmente, pero si va todo bien, que es lo normal, ¿para qué? En mi caso, he tenido un embarazo maraviloso, sin ningún problema y apenas alguna molestia esporádica, pero he tenido la mala suerte de que se han cometido muchos errores que me han hecho repetir citas y más citas (un fallo de laboratorio por aquí, una información errónea por allá, una equivocación al valorar ciertos datos de la ecografía… y suma y sigue, esto me da para varias entradas más, así que mejor me lo salto). Me lo tomo con humor, pero por momentos ha sido desesperante y me ha producido mucho estrés y preocupación, cuando no había en ninguno de los casos motivos reales para ello; y eso no es bueno, ni para mí ni para mi bebé, que mientras esté dentro de mí disfruta conmigo pero también sufre conmigo. En cambio, cada uno de los trámites que hemos realizado en el hospital de Cee han sido atendidos con absoluta profesionalidad y eficacia, nos han informado de todo directamente, sin necesidad de preguntar.

 

En definitiva, la sanidad es un servicio público, que pagamos todos, y por tanto tenemos derecho a recibirlo con calidad y a ser los protagonistas del mismo; especialmente en un proceso tan delicado como es la maternidad, y siempre entendiendo que una mujer de parto no es una paciente, sino una usuaria. Siento que me quedan cosas por decir, pero ya os contaré más adelante. Y que quede claro que no escribo esto para convencer a nadie, ni creo que la opción que estoy eligiendo sea la mejor; simplemente es la mejor para mi familia aquí y ahora, y creo que es importante dar a conocer la existencia de opciones y tomar conciencia de la importancia de informarse. Todo tiene sus pros y sus contras, cada uno debe valorar los suyos, y respetar siempre las opciones de los demás.

Si te apetece comentar algo, encantada de leerte y conversar; el tema da para mucho, esto son sólo algunas pinceladas para empezar.