¿Alguna vez te has sentido “un poquito violada/o”? Yo sí

Es terrible, pero lo raro es que, como mínimo, no te hayas sentido “un poquito violada” alguna vez en tu vida. Es una lacra aparentemente masiva. Últimamente, series cojonudas (permitidme la subjetividad) como “The handmaid’s tale” o “Big little lies” nos están alertando de lo que puede pasar, de lo que ya está pasando, en este mundo machista y patriarcal. Y, a su extraña manera, la realidad a menudo supera a la ficción.

Hace pocos días del deleznable veredicto en el juicio del caso de La Manada, y las redes sociales están que arden con el tema (y todos los subtemas que conlleva). En este contexto, me ha apetecido contaros mis experiencias personales, esos momentos en los que me he sentido acosada o sexualmente agredida.

Así a bote pronto me vienen a la cabeza 3 episodios. Los voy a contar en orden cronológico, pero al revés. En el más reciente tendría yo unos 26 años o así. Iba caminando por la calle de mi ciudad, zona céntrica, alrededor de las 8 de la tarde, había bastante gente. Noté una presencia inquietante detrás de mí. Lo cierto es que no recuerdo muy bien cómo fue la cosa, pero sé que era un tipo joven, sucio (tengo en la cabeza una imagen de sus dedos con manchas rojas, como de sangre seca) y como ido, muy turbio. En un momento dado, me tocó el culo; supongo que salté y grité algo, no me acuerdo, la verdad. Recuerdo claramente la sensación de asco e inquietud.

Unos años antes, cuando aún vivía en Madrid (tendría 23 años), estaba en un local por la noche tomando unas copas con varios amigos. En un momento en el que no estaba ninguno cerca, se me acercó un tío, bastante borracho, y empezó a preguntarme cosas que ni recuerdo; yo no quería darle pie, así que le iba contestando con monosílabos, bastante seca, a ver si se daba por aludido y me dejaba en paz. Pues se ve que en algún momento lo pilló, porque de repente me suelta (y esta frase no la olvidaré en la vida):

-¿Tú qué pasa, que tienes el coño más grande que la puerta de Tebas?

Esa vez sí que reaccioné, no recuerdo lo que le dije, pero vamos, le puse bien en su sitio por faltarme al respeto de semejante manera.

Vamos con la historia más antigua, la más fuerte y la que recuerdo con mayor nitidez. 19 añitos, llevaba muy poco tiempo viviendo en Madrid. En un trayecto en metro, en el que iba sola, estaba de pie agarrada a una barra. Había bastante gente, típica situación de ir en el metro modo sardinas en lata. Yo llevaba una bufanda bastante larga. Y en esto que me doy cuenta de que un tío tiene la cola de mi bufanda entre su mano y su cuerpo. Me resultó raro, pero pensé (quise pensar), que era algo casual, la aparté discretamente y listo. El impresentable en cuestión tendría unos 50 años, no muy alto, pero anchote (más fofo que fuerte, pero desde luego, más fuerte que yo). Pasó algo de tiempo, quizá unos minutos después de lo de la bufanda, yo iba pensando en mis cosas, y de repente noté su mano en mi entrepierna; el tío había conseguido meter sus dedos entre mis piernas, sin que me diera cuenta, ¡no me lo podía creer! Le agarré la mano para apartarle, se resistió y hubo un leve forcejeo, llegamos a una parada y se bajó. No fui capaz de articular palabra. Nadie se enteró (o no se quisieron enteran) y estábamos rodeados de gente. Llegué a casa, me cambié de ropa y eché a lavar todo lo que llevaba puesto. Fue un episodio terrible.

Estas son mis historias. Ojalá peores que las de la mayoría, desgraciadamente una insignificancia comparadas con las de muchas, muchísimas otras.

Me parece indignante cómo se nos llena la boca en nuestra sociedad hablando del machismo de otras culturas, que no digo que no lo sean, pero qué fácil es criticar al prójimo, ¿verdad? Lo que no parece que se nos de tan bien es predicar con el ejemplo.

Es una pena que tengan que pasar cosas terribles para que nos pongamos a compartir estas historias. Solo espero que nos sirva para ayudarnos unas/os a otras/os.

Ventajas de la Navidad (por una mamá Grinch)

Reconozco que soy una persona muy poco navideña. Es una época que me cuesta bastante gestionar. Aún a día de hoy, al ir avanzando el mes de noviembre, noto como me voy estresando poco a poco; luego llega la vorágine navideña, que sea como sea ese año, siempre es un no parar durante unas 3 semanas; y después la resaca, los días posteriores, en los que estamos ahora, intentando retomar las rutinas y volver a la normalidad.

¿Por qué no me gusta la Navidad? Pues hay varias razones. Por un lado me resulta un poco abrumador tanto compromiso social, tantos eventos, con tanta gente y tan seguidos. Me encanta que haya una excusa para reunir a la familia, al menos una vez al año, y para quedar con gente con la que habitualmente no coincides; pero ese momento en el que revisas la agenda y te das cuenta de que no te quedan huecos para ti, me resulta un poco vertiginoso. Es como un pequeño paréntesis, supongo que hay que asumirlo y listo, pero a mí, que me gusta recogerme y tener momentos de relax e intimidad, me cuesta.

Y por otra parte están el consumismo ostentoso y la manipulación por parte del sistema, dos cosas que me rebientan. Creo que es muy importante fomentar un consumo responsable y, aunque está bien permitirse algún exceso de vez en cuando, en esta época considero que se nos va de las manos; entre la decoración, la comida y los regalos ya tiene tela la cosa, pero además añádele los mercadillos, actividades, eventos… que se organizan desde las entidades. Consumo, consumo y más consumo. Si todo esto se concentrara en días puntuales me parecería razonable. Pero no es así, son 3 semanas (y más, a veces mucho más) con las luces, las comilonas, las compras… un continuum de consumo extraordinario. Y es bien difícil salirte de la norma, cada vez es mayor la fuerza que te empuja a formar parte de ello y a seguir los patrones de la mayoría. Puedes hacer algunas cosas diferentes; por ejemplo, en mi casa no ponemos decoración y, si mi hijo empieza a pedirla, buscaré la manera de que sea lo más sostenible posible, y de aportarle nuestra propia personalidad. Pero en la mayoría de cuestiones sigo a la masa y procuro disfrutarlo lo más posible. Eso sí, siendo siempre consciente de que todo forma parte de una manipulación, de que los medios y la publicidad están condicionando muchas de las decisiones que tomamos para celebrar estas fiestas (algunas de las cuales ni siquiera tiene sentido celebrar en un estado laico, pero bueno, aún así forman parte de nuestra tradición).

Con estos planteamientos diréis: esta chica se ha equivocado en el título del post, jajaja. Pues no, ahora voy al meollo y os cuento mis reflexiones positivas. Porque otra cosa que me define, aparte de mi aversión por la Navidad, es que intento ver el lado positivo de cada situación, y buscar una mejora constante en todos los aspectos de la vida. Así que vamos a arrojar un poco de luz sobre esto:

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Ventaja 1: Con tantos juguetes nuevos, el peque está la mar de entretenido haciendo cosas productivas. Sí, la casa está invadida de cosas, hay que recolocar, despejar, etc. Pero es que de repente él se pasa las horas jugando sin parar. Va rotando de uno a otro, pasando varias veces por sus favoritos, experimentado, investigando, aprendiendo, divirtiéndose mucho. Y, sobre todo, apenas pide tele y pantallas, que últimamente se estaba convirtiendo en un asunto difícil de gestionar. Estoy encantada de verle tan concentrado y feliz.

Ventaja 2: La magia forma parte de nuestras vidas durante unos días. Nunca tuve claro qué haría si sólo fuera decisión mía, quizá no le contaría historias sobre los personajes que nos visitan y traen regalos esos días, no lo sé. Pero bueno, como formamos parte de un contexto social que tiene mucha importancia en nuestras vidas, y que hay que cuidar y respetar, nos unimos a esto también. Y de repente me veo que soy yo la que más insiste en la historia, contándole una y otra vez que va a venir tal personaje, que le va a traer regalos, que le han dejado regalos en varias casas (algunos aún no los hemos recogido, jeje), que como saben que tal persona le conoce y le quiere mucho pues también le han dejado un regalo ahí… Y es algo muy bonito, la verdad, lo estoy disfrutando. Él aún no se entera mucho, el año que viene habrá que tomárselo más en serio, pero a mí ya me está molando.

Ventaja 3: Salimos de la rutina, vivimos experiencias nuevas y diferentes, y eso siempre es enriquecedor. En esos días vemos a gente con la que no quedamos habitualmente, a algunos sólo les vemos una vez al año. Además, incluso con los que sí coincidimos a menudo, como los abuelos, hacemos cosas distintas, comemos cosas diferentes, incluso nos comportamos de otra manera. Uno de mis grandes objetivos en la educación de mi hijo es aportarle la mayor variedad de experiencias posibles, para que descubra qué le gusta, profundice en su autoconocimiento y se desenvuelva cómodamente en diversos contextos. En estas fechas eso viene dado, no hay que buscarlo, y es de agradecer.

Ventaja 4: Los niños son tenidos en cuenta. Esto tiene su parte triste, porque significa que no siempre es así; hay muchos lugares, actividades y situaciones que obvian su existencia, no se preocupan por su comodidad ni por su bienestar; se les considera seres molestos, asunto de sus padres y punto. No digo que deban formar parte de todo, hay cuestiones que son exclusivas de los niños y otras de los adultos, y está bien que así sea. Lo que me entristece es que se les excluya tanto, que hayamos llegado a un punto en que te tengas que plantear “¿A dónde vamos, que voy con el niño?”, y no haya muchas opciones. Pero bueno, ya reflexionaremos sobre esto. Lo bueno de la Navidad es que sí se piensa en los niños, hasta en los telediarios se les tiene en cuenta. Lo compartimos todo con ellos, disfrutamos juntos, practicamos la integración. Es precioso cuando esto sucede, nos aporta muchísimo a todos.

Ventaja 5: Es un contexto perfecto para plantear actividades significativas. Las posibilidades son infinitas, y dependiendo de las edades ya ni te cuento. Podemos preparar recetas con ellos, hacer un calendario de adviento, crear nuestra propia decoración, regalos, postales… ver películas y leer cuentos ambientados en Navidad, cantar canciones, investigar sobre el origen de los personajes, las tradiciones…hacer juegos con vocabulario específico, inventar cuentos, grabar un vídeo musical… La cuestión, como siempre, es partir de algo que les interese y les motive, y estar atento a sus propuestas; se trata de acompañarles en el proceso de aprendizaje, y no tanto de dirigirles.

Bueno, ¿y a vosotros qué os parece? ¿Sois de los que os gusta la Navidad o, como a mí, os da un poco de repelús? ¿Se os ocurren más ventajas?

El regreso de la menstruación después del embarazo

Esta es una de las grandes dudas, una de esas preguntas que haces y te hacen mucho en esta etapa de la maternidad. Bueno, la haces y te la hacen en determinados contextos, porque bien sabemos que la regla es uno de los temas tabú por excelencia, todos sabemos que existe, pero parece que si no la mencionamos mucho mejor. Y manda narices, ¿no? Porque de no ser por la menstruación, adiós a la especie, es alucinante que le tengamos tanta aversión a algo tan necesario, pero bueno, ese es otro tema.

¿Qué pasa con la regla después del embarazo, cuando vuelve? Pues depende, no hay una respuesta clara a esta pregunta. Yo lo único que puedo hacer es contaros mi experiencia, y espero que a alguien le sirva para aclarar un poco el tema.

Suele suceder, aunque no necesariamente, que la menstruación se retrase bastante si das el pecho a tu bebé (de hecho, hay gente que no utiliza métodos anticonceptivos porque está con lactancia materna exclusiva, ¡ojito, que es muy posible llevarse una sorpresa!; puedes hacerlo, cada uno es libre, y habrá gente que quiera volver a quedarse embarazada enseguida, pero si no es así, que sepas que te la juegas). En mi caso, la última regla antes del embarazo fue en abril de 2015 (la recuerdo bien, porque justamente estaba de mudanza y se me juntó el día de mayor malestar con el de más trabajo, jeje), y en la siguiente ovulación me quedé embarazada. A continuación, 9 meses de embarazo, parto y establecimiento de la lactancia, con la que continuamos a día de hoy, casi 21 meses después.

Durante mucho tiempo, ni regla, ni síntomas; a veces notaba algún malestar y decía “ya está, me va a venir ya”, pero nada, el tiempo siguió pasando, y yo tan contenta. Muy muy contenta, la verdad, porque no quería volver a quedarme embarazada enseguida, y porque, sinceramente, no tener la regla me estaba resultando tremendamente cómodo. He de decir que soy una persona que sufro bastante con la menstruación, tengo reglas abundantes, largas y dolorosas, y lo peor es cómo me afecta al ánimo y a la energía; es como si me desinflaran, me siento agotada, sin ganas de nada, triste, enfadada, todo me molesta, me cuesta conectar con mi cuerpo… lo cierto es que es un proceso con el que no estoy en sintonía todavía. Sin embargo, en los procesos de embarazo, parto y lactancia ha sido todo lo contrario, sintonía total. Para mí fue como conocer una versión mejorada de mí misma, mucho más equilibrada, mucho más feliz, conectada con mi cuerpo, entendiendo los procesos (por ejemplo, durante el parto en ningún momento tuve dudas, estaba comunicándome con mi cuerpo y entendía todo lo que estaba pasando, el dolor no me producía desasosiego, ni sufrimiento… era dolor, pero no era malestar).

Y llegamos al momento del cambio. Durante las semanas anteriores sentí algunas cosas, pero no lo tenía nada claro. Lo que sí me sucedió fue que pensé mucho en la menstruación esos días, me venía a la cabeza constantemente. Y un día, voy a hacer pis y al limpiarme… ¡ahí estaba! Fue como volver a la adolescencia por un momento, jejej. De esto hace un mes, ahora estoy con la segunda.

¡Hola, copa menstrual, cuánto tiempo!
¡Hola, copa menstrual, cuánto tiempo!

Mi regla volvió a los 29 meses (9 meses de embarazo + 20 meses después del parto). Todo es tan familiar: el dolor, el malestar, los cambios de humor, las manchas en la ropa… Pero lo cierto es que algo ha cambiado, es como si ahora fuese capaz de verlo todo con mayor claridad y distancia, antes me costaba no dejarme llevar por el torbellino emocional, todo se convertía en una gran nebulosa; y ahora, aunque haya malestar, también hay mucho más enfoque.

De momento no puedo decir mucho más, sólo llevo 2 ciclos, no es suficiente para notar diferencias significativas con los mismos procesos de antes. Me ha sorprendido la regularidad, ya que ambas han coincidido exactamente el mismo día del mes, y eso no era nada habitual en mí, siempre he sido muy irregular, pero puede que sea casual. Y lo que sí he notado intensamente ambas veces es la sensibilidad en el pecho durante la semana de ovulación (supongo que antes sería igual, pero claro, no tenía un niño haciendo unas cuantas tomas al día para recordármelo, jejej).

Esta es mi historia. Si te apetece contarnos la tuya o tienes alguna consulta, nos vemos en los comentarios. Gracias por pasarte por aquí :)

Llegados a este punto… estoy cansada

Sí, estoy cansada. Diréis: “Normal, con un niño pequeño, lactante, que no va a la guardería, etcétera etcétera…”. Pues no, no es la Sabina mamá la que está cansada. La Sabina mamá es una persona muy feliz, es la versión más feliz de Sabina que conozco (y no digo que a veces no me encuentre agotada de atender a mi hijo, y que viva esa terrible contradicción entre desear con todas mis fuerza pasar tiempo con él y a la vez que se duerma o que otra persona se lo lleve a dar un paseo… pero eso es para otro post, jeje). Tampoco es la Sabina que limpia la casa la que está cansada, lo cierto es que cada vez me exijo menos y me organizo mejor. Ni la Sabina pareja, en ese aspecto también soy una persona muy feliz y me siento querida, apoyada, respetada… y lo paso de maravilla cuando comparto tiempo con mi pareja. No es la Sabina “estudiante” (por llamarlo de alguna manera), siempre busco cómo aprender cosas nuevas, cómo formarme, pero eso es porque siempre me apetece.

Bueno, podría seguir así un rato, pero mejor voy al grano. La Sabina que se siente cansada, harta, frustrada y hasta los huevos, es la Sabina trabajadora. Más específicamente, la Sabina que trabaja desde hace unos 14 años en el ámbito de la Educación No Formal. Le he puesto pasión y corazón. He tenido tantos trabajos diferentes que hasta yo me pierdo. Es cierto que hay 3 principales: profesora de inglés, monitora de campamentos y directora de mi propia empresa de ocio educativo (se llamaba Planeta Alicia, este blog nació con ella); pero en serio, incluso dentro de estos 3, si me pongo a detallar, podéis flipar, y como añada el resto de la lista, tendría que dividir el post en varias partes, así que voy a sobreentender que os hacéis una idea.

Hace tiempo que no me siento a gusto en este ámbito laboral. Ahora mismo me muevo entre actividades con las que me siento cómoda y en las que creo, pero que no me aportan ninguna estabilidad, ni seguridad, ni me llegan para cubrir las necesidades mínimas; y otras que puntualmente sí me aportan esas cosas, pero en las que ya no creo. Y no se trata ni siquiera de decidir entre unas u otras, ya que ninguna de las 2, por sí solas, es suficiente. Y así ha sido siempre, rascando de aquí y de allá, compaginando todo lo compaginable, rebuscando qué nueva faceta podía aportar a este mundillo.

No me entendáis mal, yo quiero trabajar, me gusta trabajar. De hecho, si no necesitara trabajar, no dejaría de hacerlo. Y no me arrepiento de nada, todo lo que he hecho me ha aportado muchísimo (aprendizaje, autoconocimiento…). Simplemente he llegado a un punto en el que quiero un cambio, y uno grande.

El punto de inflexión, después de todos estos años de locura laboral, ha sido este verano. Hace 10 años trabajé por primera vez en un campamento. Desde entonces, lo he vuelto a hacer muchas veces (urbanos e intensivos, con niños, con adolescentes, con adultos con diversidad funcional, he sido monitora de apoyo de niños con necesidades especiales, he trabajado en A Coruña, Valencia y Logroño…) y siempre he dicho que trabajar en campamentos era lo que más me gustaba. Con toda esta experiencia a mis espaldas y creyendo que pisaba terreno seguro y conocido, voy y me encuentro con el verano más duro y alguna de las jornadas más surrealistas de toda mi carrera. Los motivos son muchos y variados (no voy a entrar en ellos, evidentemente), pero la cuestión es que he descubierto que ya no me gusta, que ya no es lo que quiero. Como soy una buena profesional, hago muy bien mi labor, independientemente de todo esto; pero creo que es un trabajo que debe hacerse con otro sentimiento. Un sentimiento que tuve, que quizá vuelva a tener, pero que ahora mismo no tengo.

Lo que sí tengo es una idea muy clara de lo que quiero: estabilidad. Jajaja, no pido casi nada; creo que me he equivocado de generación, de sector profesional y de mentalidad (la emprendedora). Pero realmente lo tengo muy claro, es lo que quiero y estoy dando los pasos para conseguirlo. Ahora bien, no puedo trabajar en algo en lo que no crea, no soy capaz de vender un producto u ofrecer un servicio si no me siento conectada con ello. Así que ahí va mi deseo completo:

Quiero un trabajo a media jornada, preferiblemente por las tardes (disponer de tiempo para la familia es primordial para mí; además, siempre voy a tener más de un proyecto en la cabeza, no puedo evitarlo), en A Coruña, en un espacio donde se vendan productos de crianza,  juguetes, libros.. (es decir, cualquier sitio donde se ofrezcan recursos educativos o para las familias). Si además es un espacio donde se presten servicios relacionados (tipo talleres, cuentacuentos…), mejor que mejor. Y si es un lugar que ofrece actividades en inglés para peques a partir de 3 años, pues también maravilloso. En cualquiera de ellos puedo aportar muchísimo, ya que sé de educación, sé de gestión, sé de atención al público (pues sí, aparte de todo lo que os he contado, también he sido dependienta, camarera y acomodadora… que sí, que soy un culo inquieto), estoy acostumbradísima al trato con familias, me gusta gestionar redes sociales… y además, si creo en el producto, me sale venderlo de forma natural (estos productos los conozco bien, tanto como profesional/educadora, como madre e, independientemente de lo anterior, como persona apasionada de la crianza y la educación). Creo que mi deseo es totalmente coherente, y quería plasmarlo por escrito porque, aunque llevo unos meses con este proceso y ya he dado algunos pasos, ha llegado el momento de ponerme las pilas e ir a por todas, y nada mejor que expresarlo y dejar constancia para darme el empujón que necesito.

Deseadme suerte 😉

Proponemos actividades: crea tu propio reloj

Otro curso que termina, alumnos de los que me despido para siempre, otros a los que volveré a ver en unos meses… Y, como siempre, mucha experiencia y mucho aprendizaje, siento que más para mí que para ellos, jeje. Cada año es tan enriquecedor en tantos aspectos; es lo que tiene trabajar con personas, todos tenemos mucho que aportar y mucho que compartir, y en la relación entre educador y educando suceden tantas cosas…

Bueno, dejo de divagar y me centro, que hoy quiero contaros algo muy concreto. Quiero compartir una de las actividades que hemos realizado este año en las clases de inglés: hemos aprendido a decir la hora con un reloj interactivo muy especial. Hace un tiempo me encontré con esta interesante propuesta: un reloj Montessori DIY. Se me quedó el gusanillo de hacer algo similar, adaptado a mis necesidades (bueno, a las de mis alumnos). Y esto es lo que salió, mi propio reloj inspirado en Montessori. Te lo cuento paso a paso.

Primero, preparé una plantilla muy sencillita para imprimir. En vez de círculos, opté por cuadrados para insertar los números, para facilitar el trabajo de recortar. La imprimí en un folio y recorté el contorno y los huecos para los números.

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Elegí 2 colores de goma eva (verde y rosa, pero eso al gusto, claro) y utilicé la plantilla para recortar el verde y vaciar los cuadraditos.

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Con el rosa, en cambio, recorté un círculo por un lado, para utilizarlo de base, y utilicé otro trozo para los cuadrados. Después los numeré con un rotulador permanente:

-Los verdes: del 1 al 12, para marcar las horas.20170418_115105[1]

-Los rosas: 00, +05, +10… -10 y -05, para indicar los minutos.

Luego los pegué entre sí por parejas: el 1 verde con el +05 rosa, el 2 con el +10…

El círculo verde va pegado sobre el rosa, y ya se pueden colocar los números; como el de abajo no tiene huecos, los números sobresalen, como si estuvieran en relieve, y son muy fáciles de poner y quitar.

20170419_125106[1]Sólo faltaban las agujas, la rosa más larga, que es la que indica los minutos. Con un sacabocados, les hice agujeritos en un extremo. Cogí un trozo de goma eva sobrante e hice algunos agujeritos más, para tener varios circulitos sobre los que enganchar las chinchetas, una por delante y otra por detrás, para no pincharnos al manipular el reloj.

 

¡Listo! ¡A jugar!

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¡Ah! Para facilitar el aprendizaje de las horas en inglés, utilicé unos cartelitos donde escribí con letra cómo se dice cada una. Así, como primera actividad, jugamos a colocar cada cartelito en el lugar que corresponda. Después vamos preguntando y diciendo la hora y, cuando se van sintiendo seguros, retiramos los cartelitos y seguimos jugando. Por último, dejaríamos de utilizar los números rosas. Pero sin prisa, respetando como siempre el ritmo de aprendizaje de cada uno y divirtiéndonos con el proceso. Además, hay que tener en cuenta que a los niños el concepto del tiempo les cuesta mucho, es algo que les resulta muy ajeno, así que nos toca ser empáticos y muy pacientes a la hora de trabajar estos conceptos.

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Espero que os haya gustado y que os resulte útil esta propuesta. Y, si os animáis a hacer vuestro reloj, contádnoslo, porfi 😉

Me entrevistan

Hace unas semanas contactó conmigo una compañera con la que había trabajado en campamentos urbanos. Ahora está estudiando un Máster y para el proyecto que está realizando necesitaba entrevistar a alguien del gremio. Así que me lo pidió a mí, y yo encantadísima :)
Os dejo aquí la entrevista.
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Cómo te definirías como educadora?
Me considero una acompañante del proceso de desarrollo de cada educando con el que trabaje, y como tal procuro facilitarle los recursos, el espacio, el apoyo…, en definitiva, el mejor contexto para optimizar ese proceso; siempre atendiendo a la individualidad de cada usuario, respetando su libertad, procurando predicar con el ejemplo y  conectando con el aprendizaje de una manera divertida, significativa, interesante y alegre.
Por qué decidiste dedicarte a este sector profesional?
 Más que una decisión fue una sucesión de acontecimientos que me llevaron a tomar contacto con el ámbito de la Educación No Formal, y descubrí en ello mi pasión. Yo había estudiado Magisterio, pero no por vocación, sino por cuestiones prácticas. En cuanto empecé la carrera, fui consciente de que lo mío no iba a ser trabajar en un colegio. Al año de obtener la diplomatura me puse a trabajar en una asociación en la que hacía de todo; llevaba una amplia variedad de actividades (todas las de música, teatro, ajedrez, apoyo escolar…), con menores en situaciones varias (diversidad funcional, riesgo de exclusión social, hiperactividad…), además de todo tipo de tareas (atención al público, cuestiones administrativas, limpieza…).Fue un trabajo muy duro, pero, por primera vez en mi vida, me sentí en mi elemento. Desde entonces, nunca he dejado de trabajar en esto, de maneras muy diferentes, pero siempre en el mundo de la Educación No Formal.
Qué te llevó a montar tu empresa?
Estuve un año en la asociación y, durante los 3 siguientes, fui de trabajo en trabajo sobreviviendo malamente entre extraescolares, clases particulares, campamentos, animación en eventos… Y tenía la sensación de que cada vez iba a peor. Yo sentía que hacía bien mi trabajo, y que tenía mucho que ofrecer, pero las condiciones laborales eran un desastre, pura inestabilidad, y estaba muy lejos de vivir con un mínimo de comodidad. Quería mejorar mis condiciones laborales y ofrecer un servicio de calidad, esas fueron mis grandes motivaciones.
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Qué titulación académica tienes relacionada con el sector
ocio educativo y animación sociocultural?
Soy Monitora de Ocio y Tiempo Libre. Aparte de eso, estoy dilomada en Magisterio, en la especialidad de Educación Musical y he hecho un montón de cursos monográficos y formaciones varias (Primeros auxilios infantiles, Pintacaras, Espacios educativos creativos de La Pedagogía Blanca…).
Encuentras muchas dificultades en tu trabajo a nivel administrativo?
En mi trabajo y en la vida en general, lo cierto es que a nivel administrativo todo me parecen dificultades, creo que es un sector que funciona sencillamente mal (no por los profesionales, sino por el sistema). Cuando la empresa estaba en activo, una de las mayores cargas eran este tipo de tareas, especialmente todo lo que tenía que ver con Hacienda.
Qué dificultades encontraste para tener que dejar tu empresa?
Qué nuevo camino tomaste después?
Se juntaron varias cosas. Por un lado, la falta de experiencia en el ámbito empresarial (no tenía ni idea de marketing, por ejemplo, algo que ahora considero fundamental). Por otro, el hecho de no tener un local. Dada mi situación, decidí ofrecer el servicio sin disponer de un espacio propio, pero, al tener una filosofía tan personal, era muy difícil llegar a la gente; creo que no se llegó a entender el tipo de servicio que ofrecía, o quizá, sencillamente, no había nicho de mercado para ello. Lo cierto es que mi principal fuente de ingresos fueron los cumples, algo que yo a priori ni siquiera iba a ofrecer. Yo quería hacer actividades de ocio educativo multidisciplinares (extraescolares, campamentos, talleres…) y apenas tuve ocasión. Por último, y lo más determinante, a nivel económico no podía mantenerme; tenía trabajo regularmente y mis ingresos, para ser una empresa tan pequeña y de reciente creación (duró menos de 3 años) creo que eran razonables. Pero la cuota de autónomos era una losa con la que no podía convivir; si fuese proporcional a los ingresos, como en otros países, puede que mi empresa siguiese abierta y muy evolucionada hoy en día, pero con este sistema fue inviable.
Al cerrar volví a lo de antes (particulares, extraescolares, campamentos…), pero ahora me tomo el trabajo de otra manera, especialmente desde que me quedé embarazada unos meses después. Tengo mucha experiencia a mis espaldas, he visto el sector desde otro punto de vista y, aunque mi filosofía educativa no ha cambiado (más bien se va afianzando con los años), mi actitud sí. No tiene sentido sufrir, así que en cada trabajo busco la manera de ser coherente conmigo misma y de estar cómoda, predicar con el ejemplo y tener una convivencia sana con el resto del equipo. De todas formas, mi objetivo sigue siendo el autoempleo, de momento estoy buscando una opción viable, en proceso de definir un nuevo proyecto.
Qué corrientes pedagógicas y educativas utilizas en tus actividades?
Este es un tema complejo para mí, ya que desde siempre he tendido hacia la educación alternativa, pero ningún método me convence del todo. En cuanto conocía alguno e indagaba un poco, enseguida me sentía encorsetada. Y como creo que cada ser es diferente, opino que no existe un método válido para todos. Para mí lo fundamental es conocer a la persona con la que estoy trabajando, y así adaptar el acompañamiento, las actividades, los materiales, el espacio… Creo que tengo un estilo bastante personal, utilizo los recursos que me va dando mi propia experiencia vital. La única corriente que me ha convencido de momento es La Pedagogía Blanca; pero precisamente por eso, porque no se basa en un sistema, sino en una serie de principios que se pueden aplicar de infinitas maneras.
Si algo me define, creo que es el carácter lúdico, para mí el juego es el recurso de aprendizaje más importante; pero no vale para todos los usuarios ni para todas las situaciones, ojalá… Uno de mis materiales favoritos son los juegos de mesa, y suelo incluir el proceso de elaboración en mis actividades.
Qué es la musicoterapia y por qué la utilizas?
La musicoterapia es el empleo de la música con carácter terapéutico (a través del uso de la voz, del movimiento, propuestas rítmicas, con instrumentos…). Yo no la utilizo, porque no soy musicoterapeuta. Pero la conozco como usuaria. Tanto durante el embarazo como ahora con mi bebé, acudimos todas las semanas a una sesión de musicoterapia. Es un gran recurso para favorecer el vínculo, ya que la música es un lenguaje universal que sirve para comunicarnos antes de que empiece el lenguaje oral. La música para mí es una compañera fundamental, en el trabajo, en mi vida personal y ahora en la familiar, en casa se respira muchísima música.
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Utilizas la naturaleza y el medio ambiente
como elementos importantes de las actividades y talleres que ofertas?
Por qué consideras que es importante para la educación de tus participantes?
Procuro utilizarlos siempre que puedo y, desde luego, intento promover un consumo responsable y unos principios de cuidado del entorno en todo contexto educativo, me parece fundamental. El contacto con la naturaleza es importante para entender cómo funciona el mundo, cuál es el origen de las cosas y cómo ha ido evolucionando todo a medida que las personas hemos ido interviniendo; también nos aporta salud, y muchas experiencias a nivel sensorial de las que creo que es importante ser conscientes cuanto antes. Un ejercicio que me encanta es cerrar los ojos y escuchar durante unos minutos, practicar la escucha activa y consciente, y luego hacer una puesta en común; si se puede hacer esto con los mismos usuarios en un contexto urbano y en otro natural, creo que pueden aflorar experiencias muy significativas. Por otra parte, hay que acostumbrarse a que, aunque los que realmente dañan el medio son los “grandes” (empresas, fábricas…) y eso escapa a nuestro control, sí que podemos aportar pequeñas acciones que, unidas, se convierten en grandes, y eso intento transmitir a los peques (y a los mayores), sobre todo predicando con el ejemplo y explicando las cosas, no imponiendo normas que para ellos quizá no tengan sentido.
Qué visión tienes de la educación no formal?
La Educación No Formal es mi mundo, mi hábitat, no podría vivir sin ella. Creo que es donde se aprende lo más importante, ya que, tal como funciona el sistema, es donde se viven experiencias más significativas, donde el trato entre educador y educando es más personal, donde puedes profundizar desde pequeño en aquello que te apasiona…. Yo no recuerdo los cientos y miles de cosas que memoricé en la escuela, pero tengo imágenes muy claras de actividades que realicé en campamentos, en un taller de arte y manualidades al que acudí durante años, en las clases de música… Son experiencias que, en mi opinión, nutren mucho más que las de la escuela (al menos que la escuela convencional).
Ahora, en cuanto a la situación de la Educación No Formal, mi visión no es tan bonita; creo que no se valora, que no hay apoyos, que las condiciones laborales de los monitores, educadores y demás son de vergüenza (aunque últimamente han mejorado un poco)… Hay lugares que funcionan de maravilla, pero normalmente son empresas privadas que, al estar ahogadas por sus cuotas de autónomos, impuestos, alquileres y demás, tienen que cobrar un precio por las actividades que muchos no se pueden permitir, así que las actividades de calidad suelen quedar sólo para unos pocos.
Qué valoraciones de los clientes obtienes
respecto a las actividades que realizas?
Muy buenas, la verdad es que en ese sentido me siento muy satisfecha. Por norma, mis clientes (y mis usuarios) suelen quedar muy contentos con el servicio. Siempre hay alguna excepción, pero suele ser resultado de diferencia de enfoque o de entendimiento de la labor educativa, diferente filosofía del trabajo en definitiva. Me suelen decir que son actividades distintas a las que están acostumbrados y que los niños se lo pasan bien.
Qué supone para ti ser directora de actividades
y tener un equipo de trabajadores a tu cargo?
Una gran responsabilidad y un gran orgullo. Siempre que he trabajado en equipo siendo yo la responsable de la actividad he procurado que todos estuviésemos al mismo nivel a la hora de ejecutar las actividades. Yo me encargaba de organizar y, dependiendo de la situación, de tomar ciertas decisiones (además de tener la responsabilidad última de todo lo que pasase, por supuesto). Pero una vez concretada la labor de cada uno, todos adquirimos el mismo grado de responsabilidad, cada uno en su parcela. También he estado muy atenta al cuidado del equipo, que estén cómodos, que tengan todo lo necesario (siempre una botella de agua para cada uno, especialmente en las animaciones, que son largas y requieren mucha energía), que se sientan escuchados y respetados. Yo no creo que el empleador esté haciendo un favor al empleado, es una relación de mutuo beneficio, uno no puede funcionar sin el otro.
Cuál ha sido tu experiencia más gratificante en tu vida profesional?
Tener la oportunidad de llevar a cabo un proyecto propio (co-creado junto a una compañera). Casi siempre he ejecutado proyectos ajenos o, cuando eran propios, el cliente marcaba hasta tal punto las directrices que ya no lo sentía como tal. Pero esta vez lo conseguí. Y funcionó tan bien que tuvimos la ocasión de repetir con unos cuantos grupos. La actividad se llama Con-Sentidiños, y la llevamos a cabo en el Museo de Bellas Artes de A Coruña; además, pudimos adaptarla a dos formatos, uno para niños acompañados de adultos, y otro para adultos con diversidad funcional y/o en riesgo de exclusión social. Y ambos funcionaron de maravilla, fue un gran éxito, realmente gratificante.
CON-SENTIDIÑOS. Nosotras
El hecho de ser mujer,
supuso un problema para ti a la hora de montar tu propio negocio?
Lo cierto es que no lo sentí así, claro que en este sector somos gran mayoría de mujeres, y eso se nota. Puede que haya habido alguna situación adversa, pero se juntaban varios factores: ser mujer, ser joven, y mi falta de experiencia empresarial.
Qué piensas que debe de tener un buen líder?
Humildad, ser consciente siempre de que hay mucho por aprender y de que todos tienen algo que enseñar. Coherencia: lo que piensas, lo que sientes, lo que dices y lo que haces deben estar en consonancia (esta es una idea que le cojo prestada Laura Mascaró, aunque ella la aplica al hablar de crianza, creo que se puede extrapolar a cualquier contexto). Ser un buen mediador, ser capaz de pedir disculpas cuando te equivocas, y de guiar al grupo cuando sea necesario. Saber escuchar, saber transmitir.
De qué manera actúas frente a los problemas?
Ante los conflictos, diálogo. Ante un problema que no sé cómo resolver, busco ayuda. Soy muy partidaria de hacer listas de pros y contras para tomar decisiones. En cualquier caso, siempre hay que mantener la calma y, de nuevo, apelo a la coherencia.
Alguna vez has tenido que delegar responsabilidades en alguien?
Qué criterio seguiste?
Valoro el grado de confianza que tengo con esa persona, su eficiencia y profesionalidad, su experiencia para la tarea en concreto que deberá desempeñar y si compartimos la misma línea de pensamiento  respecto a la educación.

Se está mejor en casa que en ningún sitio

Hoy voy a contaros una historia muy personal.

Hace unos años, estaba pasando una temporada en Granada. Acababa de terminar la carrera, que estudié en Madrid. Pasé 5 años en la capital, y no veía la hora de irme. Viví experiencias maravillosas y, sobre todo, hice grandes amigos, pero nunca me sentí a gusto, no era mi sitio. Me sentía muy oprimida, necesitaba otro tipo de ambiente. Y decidí irme a Andalucía.

Sólo pasé unos meses en Granada. Aunque la ciudad me resultaba muy agradable, era un hábitat mucho más afín a mí, en la práctica no me iba muy bien. No conseguía trabajo, estaba bastante sola, tuve que cambiar varias veces de piso y tuve muy malas experiencias con algunos compañeros. Me sentía perdida. Había acabado la carrera, tenía ganas de hacer muchísimas cosas, y no podía hacer nada. No tenía ni idea de por dónde tirar, no sabía lo que quería.

Entonces, una amiga vino a visitarme unos días. Lo recuerdo como un momento bastante terapéutico, hablamos mucho, lloré mucho. Una noche, nos pusimos a ver una de mis pelis favoritas desde la infancia, “El Mago de Oz”.

El_Mago_De_Oz_(Edicion_Especial)-Caratula

Y, de repente, lo vi claro. Estaba buscando aprendizaje, experiencias, el sentido de mi vida, y creía que tenía que irme lejos para encontrarlo. En algún momento sí, lo necesité, pero había llegado la hora de volver a casa. Ahora, casi 10 años después, analizando ciertos aspectos de mi vida, veo que lo que he hecho es acercarme a casa más y más, al menos físicamente. Vivo muy cerca de la casa en la que me crié. Aquí me he casado con alguien que, aunque conocí de mayor, siempre tuve cerca (vivíamos en barrios cercanos y fuimos al mismo instituto). Aquí hemos tenido a nuestro hijo. Aquí se ha desarrollado mi carrera profesional. Y tengo claro que es aquí donde quiero vivir. Desde que volví, nunca más lo dudé. Puede que en algún momento nos vayamos, pero, a día de hoy, le cojo prestada a Dorothy su frase:

PASEO MARÍTIMO

 

 

Se está mejor en casa que en ningún sitio.

Se está mejor en casa que en ningún sitio.

Se está mejor en casa que en ningún sitio.

 

 

Aunque en aquel momento tuvo un sentido literal, ahora sé que de lo que se trata es de sentirte en casa, da igual dónde, da igual con quién… En casa es donde puedes ser tú mismo. Sólo que a veces, como fue mi caso, es necesario alejarse mucho para darse cuenta.

Non hai berce coma o colo

La música en nuestra familia (y algunas recomendaciones)

Para empezar, os dejo la que viene siendo nuestra banda sonora en casa últimamente:

Se trata de la canción de Chocolata, el primer tema del libro con CD “Máis contos en cantos” (editado por OQO), de Almudena Janeiro, una de nuestras últimas adquisiciones musicales. La verdad es que el ejemplar está lleno de temazos, pero Chocolata debe de tener algo especial, porque desde la primera audición a mí se me pegó y a él le encanta; la uso para dormirle, en la ducha y en cualquier momento.

MAISCONTOSENCANTOS

La música es muy importante para nosotros. Tanto papá como mamá tenemos una relación profunda con ella, él con la percusión y yo con la cuerda. Ambos, aunque de maneras muy diferentes, hemos estudiado música, hemos tocado en grupos, hemos compuesto temas. La verdad es que él es más músico (en el sentido de intérprete), y a mí me gusta más utilizar la música como recurso para mi trabajo. En cualquier caso, como os podéis imaginar, en casa hay muchos instrumentos: violoncello, guitarra, congas y mucha pequeña percusión. ¡Ah, y ahora también un guitalele, que el otro día fue el cumple del peque!

La segunda mitad del embarazo, íbamos a una actividad de musicoterapia prenatal, preciosa y maravillosa, impartida por Carla López, de Musicoterapiactiva. Y también fuimos varias veces a los ensayos del grupo de papá y a conciertos. Todo esto se notó cuando el peque nació; conecta con la música, le relaja, ha sido un recurso importantísimo desde su primer día de vida. Nunca perdemos oportunidad de llevarle a conciertos, de que experimente con instrumentos, escuchamos música con él, cantamos muchísimo… Y al poco de nacer empezamos a ir a la actividad de musicoterapia para bebés que también imparte Carla en su centro; y es una auténtica gozada ver su evolución, cómo va reaccionando, cómo interactúa, se emociona, disfruta… es un tiempo valiosísimo para nosotros.

Quiero haceros un par de recomendaciones más. Hay un disco que nos encanta a los tres desde el principio; las primeras veces que lo escuchamos el bebé se quedaba como hipnotizado. Se trata de una recopilación de versiones de nanas gallegas (cantigas de berce), con unos arreglos espectaculares, yo diría que recomendable aunque no tengas bebés, porque es preciosísimo. Se llama “Non hai berce coma o colo” (editado por Kalandraka).

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Y, por último, “Fíos do querer” (editado por Miudiño), de Cé orquestra pantasma. Este fue su primer concierto, no tenía ni un mes el peque. Fue una presentación del disco en una librería, para niños de 0 a 3 años, y el mío era el más peque de todos. Recuerdo que en cuanto empezó la música se relajó y durmió todo el bolo; se le veía tan plácido y feliz. El repertorio me encantó, son canciones que incluyen propuestas dinámicas para jugar con los niños o para introducir en situaciones de la vida cotidiana, una lindura:

fios-do-querer

Aquí os dejo una pequeña muestra de este último:

Antes de despedirme, quisiera puntualizar una cosa. No sólo escuchamos música “para bebés” o música “infantil”, escuchamos de todo, lo que surja o lo que nos pida el cuerpo. En este post os recomiendo 3 discos específicos para niños porque es música que he descubierto a raíz de mi maternidad, no porque considere que haya que diferenciar entre música “para niños” y música “para adultos”. La música es música, para todos, es un lenguaje universal. Creo que lo más importante es que sea significativa para vosotros, eso hará que los peques conecten también con ella. Cread vuestra propia banda sonora familiar sin restricciones 😉

¿Y tú qué? ¿Cuáles son vuestras músicas especiales en familia? ¿Tienes alguna recomendación que te apetezca compartir?