Se está mejor en casa que en ningún sitio

Hoy voy a contaros una historia muy personal.

Hace unos años, estaba pasando una temporada en Granada. Acababa de terminar la carrera, que estudié en Madrid. Pasé 5 años en la capital, y no veía la hora de irme. Viví experiencias maravillosas y, sobre todo, hice grandes amigos, pero nunca me sentí a gusto, no era mi sitio. Me sentía muy oprimida, necesitaba otro tipo de ambiente. Y decidí irme a Andalucía.

Sólo pasé unos meses en Granada. Aunque la ciudad me resultaba muy agradable, era un hábitat mucho más afín a mí, en la práctica no me iba muy bien. No conseguía trabajo, estaba bastante sola, tuve que cambiar varias veces de piso y tuve muy malas experiencias con algunos compañeros. Me sentía perdida. Había acabado la carrera, tenía ganas de hacer muchísimas cosas, y no podía hacer nada. No tenía ni idea de por dónde tirar, no sabía lo que quería.

Entonces, una amiga vino a visitarme unos días. Lo recuerdo como un momento bastante terapéutico, hablamos mucho, lloré mucho. Una noche, nos pusimos a ver una de mis pelis favoritas desde la infancia, “El Mago de Oz”.

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Y, de repente, lo vi claro. Estaba buscando aprendizaje, experiencias, el sentido de mi vida, y creía que tenía que irme lejos para encontrarlo. En algún momento sí, lo necesité, pero había llegado la hora de volver a casa. Ahora, casi 10 años después, analizando ciertos aspectos de mi vida, veo que lo que he hecho es acercarme a casa más y más, al menos físicamente. Vivo muy cerca de la casa en la que me crié. Aquí me he casado con alguien que, aunque conocí de mayor, siempre tuve cerca (vivíamos en barrios cercanos y fuimos al mismo instituto). Aquí hemos tenido a nuestro hijo. Aquí se ha desarrollado mi carrera profesional. Y tengo claro que es aquí donde quiero vivir. Desde que volví, nunca más lo dudé. Puede que en algún momento nos vayamos, pero, a día de hoy, le cojo prestada a Dorothy su frase:

PASEO MARÍTIMO

 

 

Se está mejor en casa que en ningún sitio.

Se está mejor en casa que en ningún sitio.

Se está mejor en casa que en ningún sitio.

 

 

Aunque en aquel momento tuvo un sentido literal, ahora sé que de lo que se trata es de sentirte en casa, da igual dónde, da igual con quién… En casa es donde puedes ser tú mismo. Sólo que a veces, como fue mi caso, es necesario alejarse mucho para darse cuenta.

Non hai berce coma o colo

La música en nuestra familia (y algunas recomendaciones)

Para empezar, os dejo la que viene siendo nuestra banda sonora en casa últimamente:

Se trata de la canción de Chocolata, el primer tema del libro con CD “Máis contos en cantos” (editado por OQO), de Almudena Janeiro, una de nuestras últimas adquisiciones musicales. La verdad es que el ejemplar está lleno de temazos, pero Chocolata debe de tener algo especial, porque desde la primera audición a mí se me pegó y a él le encanta; la uso para dormirle, en la ducha y en cualquier momento.

MAISCONTOSENCANTOS

La música es muy importante para nosotros. Tanto papá como mamá tenemos una relación profunda con ella, él con la percusión y yo con la cuerda. Ambos, aunque de maneras muy diferentes, hemos estudiado música, hemos tocado en grupos, hemos compuesto temas. La verdad es que él es más músico (en el sentido de intérprete), y a mí me gusta más utilizar la música como recurso para mi trabajo. En cualquier caso, como os podéis imaginar, en casa hay muchos instrumentos: violoncello, guitarra, congas y mucha pequeña percusión. ¡Ah, y ahora también un guitalele, que el otro día fue el cumple del peque!

La segunda mitad del embarazo, íbamos a una actividad de musicoterapia prenatal, preciosa y maravillosa, impartida por Carla López, de Musicoterapiactiva. Y también fuimos varias veces a los ensayos del grupo de papá y a conciertos. Todo esto se notó cuando el peque nació; conecta con la música, le relaja, ha sido un recurso importantísimo desde su primer día de vida. Nunca perdemos oportunidad de llevarle a conciertos, de que experimente con instrumentos, escuchamos música con él, cantamos muchísimo… Y al poco de nacer empezamos a ir a la actividad de musicoterapia para bebés que también imparte Carla en su centro; y es una auténtica gozada ver su evolución, cómo va reaccionando, cómo interactúa, se emociona, disfruta… es un tiempo valiosísimo para nosotros.

Quiero haceros un par de recomendaciones más. Hay un disco que nos encanta a los tres desde el principio; las primeras veces que lo escuchamos el bebé se quedaba como hipnotizado. Se trata de una recopilación de versiones de nanas gallegas (cantigas de berce), con unos arreglos espectaculares, yo diría que recomendable aunque no tengas bebés, porque es preciosísimo. Se llama “Non hai berce coma o colo” (editado por Kalandraka).

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Y, por último, “Fíos do querer” (editado por Miudiño), de Cé orquestra pantasma. Este fue su primer concierto, no tenía ni un mes el peque. Fue una presentación del disco en una librería, para niños de 0 a 3 años, y el mío era el más peque de todos. Recuerdo que en cuanto empezó la música se relajó y durmió todo el bolo; se le veía tan plácido y feliz. El repertorio me encantó, son canciones que incluyen propuestas dinámicas para jugar con los niños o para introducir en situaciones de la vida cotidiana, una lindura:

fios-do-querer

Aquí os dejo una pequeña muestra de este último:

Antes de despedirme, quisiera puntualizar una cosa. No sólo escuchamos música “para bebés” o música “infantil”, escuchamos de todo, lo que surja o lo que nos pida el cuerpo. En este post os recomiendo 3 discos específicos para niños porque es música que he descubierto a raíz de mi maternidad, no porque considere que haya que diferenciar entre música “para niños” y música “para adultos”. La música es música, para todos, es un lenguaje universal. Creo que lo más importante es que sea significativa para vosotros, eso hará que los peques conecten también con ella. Cread vuestra propia banda sonora familiar sin restricciones 😉

¿Y tú qué? ¿Cuáles son vuestras músicas especiales en familia? ¿Tienes alguna recomendación que te apetezca compartir?

Adiós 2016, el mejor año de mi vida (hasta ahora, jeje)

Bueno, después de un trimestre muy intenso en el que no he encontrado hueco ni para ponerme a escribir, no podía dejar que terminara este año sin dedicaros unas palabras. ¡Ha sido un año tan precioso y tan intenso! Plagado de bienvenidas, y también de despedidas. Plagado de cambios, de aventuras y de sorpresas.

2016 ha sido el año en que se ha cumplido mi mayor deseo: ser madre. ¡Y de qué manera! Un embarazo maravilloso, un parto inmejorable, una lactancia preciosa, un bebé sano y feliz… Vamos, que no sólo puedo decir que no hay queja, sino que siento una gratitud infinita por estar viviendo un proceso tan pleno y ser tan consciente de ello.

Todo lo que estoy experimentando y aprendiendo es tan enriquecedor … A nivel profesional puede decirse que estoy en una posición bastante cómoda; hay mucho que mejorar, muchísimo, pero me siento bien encaminada. Y para mi desarrollo en este aspecto era muy importante experimentar la maternidad. Tengo mucho que ofrecer, pero aún estoy gestando cosas que verán la luz a su debido tiempo. Ahora las prioridades son otras, y el proceso (no sólo a nivel profesional, sino a nivel vital) me está resultando más natural y coherente que nunca. Siempre había sentido que estaba forzando las cosas, no estaba del todo cómoda, pero ahora me siento en mi elemento.

¿Qué quiero para el 2017?

-Cuidarme un poco más. Siempre he perseguido este objetivo, y creo que siempre lo haré; no porque no me cuide, sí que lo hago, pero siempre se puede mejorar; y, además, a medida que crecemos, más cuidado necesitamos. Así que más ejercicio, mejor alimentación, buscar momentos para mí, respirar y relajarme…

-Gestionar mejor el tiempo. Una de las cosas que conlleva la maternidad es que la dimensión temporal cambia radicalmente. Y yo siempre he tenido un conflicto con eso, siento que el tiempo no me cunde, que tengo que hacer más. Pero lo que quiero no es hacer más (aunque estaría bien, jeje), sino hacerme más consciente de mis tiempos, aceptarlos y gestionarlos con coherencia, marcándome objetivos realistas y alegrándome por lo que hago en vez de sufrir por lo que no hago.

-Jugar mucho con mi hijo. Y jugar en general.

-Invertir cada vez más tiempo en las cosas que me producen placer, y menos en las que no.

Y creo que eso es todo. En realidad, no hay nada nuevo, lo que busco es perfeccionar lo que ya tengo.

Os deseo muchísima felicidad. Mimaos mucho, valorad las cosas y disfrutad al máximo. Todo tiene un principio y un final, así que lo mejor que podemos hacer es disfrutar del camino.

Muchas gracias por leerme. ¡Hasta el año que viene,terrícolas!

¿Pides permiso cada vez que vas al baño?

Uno de esos hábitos que tendemos a inculcar a los niños y que, si te pasar a pensarlo, no se va a corresponder con la realidad en su vida adulta (a no ser que estén en prisión), es el de pedir permiso para ir al baño. Lo tenemos interiorizadísimo. En la escuela (o en campamentos, actividades extraescolares…) hay una norma que se repite una y otra vez: si quieres ir al baño tienes que levantar la mano y, cuando te concedan la palabra, pedir permiso para ir, a ver si te dejan o no. Imaginaos el mismo proceso en otro contexto, o con otra edad; resulta ridículo, ¿verdad?

El tema es, ¿cuál es el objetivo de esto? Para mí se reduce a una cuestión de seguridad. Cuando un adulto está a cargo de un grupo de menores, es necesario tener controlados a todos los miembros en todo momento. Por tanto, si uno va al baño hay que saberlo. ¿Creéis que los niños tienen esta idea en la cabeza? Porque yo creo que lo que les estamos transmitiendo con este proceso es sumisión y falta de respeto a su intimidad y a sus necesidades. ¿A qué viene que todo el grupo se entere de que esa persona va al baño? ¿Y si es una persona pudorosa y, por no decirlo en voz alta, se aguanta las ganas, lo cual es contraproducente para su salud?

Para mí, este es sólo un ejemplo de cómo la escuela (y hablo de la escuela convencional y generalizando, sé que hay centros y profesionales que manejan el tema de una forma más respetuosa y coherente) es un ambiente artificial, poco significativo en el mundo real, y peligrosamente parecido al sistema penitenciario en muchos aspectos.

Ah, y otro proceso habitual, el de llevar a todos los niños al baño a la vez y obligarles a hacer pis. A mí me resulta surrealista. Entiendo que a veces, por cuestiones de tiempo, estructura de los espacios, ratios y demás, es más práctico llevar a todo el grupo al baño a la vez en determinados momentos. Y yo, como educadora profesional que soy, también lo hago. Pero obligar a alguien a hacer pis… no me entra en la cabeza; quien quiera que vaya y quien no, pues no.

Yo, si un niño me pide para ir al baño, le dejo ir; de hecho suelo contestar: “Por supuesto”, porque no concibo que alguien no pueda ir al baño cuando quiera. Evidentemente, si con un niño o grupo concreto el tema se complica porque utilizan las visitas al baño para otras cosas, pues habrá que gestionarlo y aplicar medidas. Pero no creo que a priori haya que considerar que va a haber problemas, hay que prevenir y, en caso de que surjan, buscar soluciones, pero siempre con respeto y coherencia.

He aquí mi propuesta: plantear a los menores las cosas como son, ni más ni menos. Explicarles que necesitamos saber dónde están si abandonan el espacio común, porque si no, no nos enteraríamos si les pasara algo; así que es necesario que, cuando necesiten ir al baño, nos avisen antes de salir. Es mejor que se acerquen al adulto y se lo comuniquen en bajo, para no interrumpir la dinámica del grupo. Y ya está, es muy sencillo. Cambiar el “pedir permiso” por el “avisar”.

¿Tú cómo manejas este asunto? ¿Y cómo te gustaría que lo hubieran manejado cuando ibas a la escuela?

La lactancia me hace feliz

Acabamos de cumplir 6 meses. 6 meses de lactancia materna exclusiva y a demanda (a excepción de un poquitín de fórmula que le dieron el el hospital su segundo día de vida, porque le bajó un poquito la glucosa). Ahora toca empezar con la alimentación complementaria, que seguiremos combinando con lactancia materna a demanda. Y no sé hasta cuando, ni tengo necesidad de planteármelo.

Por un lado, mi situación laboral, aunque muy inestable, tiene una gran ventaja: me permite pasar mucho tiempo con él y, cuando no estoy, me saco leche y se la dan, así de fácil. Llevamos haciéndolo así desde que cumplió 2 meses; al principio yo trabajaba horas sueltas por las tardes, un día 1 hora, otro 2… y sólo una tarde la tenía completita y pasaba unas 5 horas fuera. Ahora estoy a media jornada, 4 horas por las mañanas, y al ladito de casa. Claro, así es muy fácil, la verdad es que en ese sentido somos muy afortunados.

Por otro lado, a nivel personal e independientemente de las circunstancias, yo quiero darle el pecho a mi bebé. Por muchas razones: porque es lo mejor para él, porque es lo más cómodo y económico, por los beneficios que tiene para la salud de ambos… y, sencillamente, por el placer que siento al hacerlo. Me hace feliz.

Es raro, cuando estaba embarazada recuerdo la curiosidad y la incertidumbre ante tantas cosas: ¿cómo será cuando el bebé te da patadas? ¿cómo será una contracción? ¿cómo será cuando mama?… Y después, en un momento, todo ello se incorpora y se naturaliza, como si llevaras haciendo y sintiendo esas cosas toda la vida.

Mi marido dice que da gusto vernos. A veces me quedo dormida mientras mama, de lo mucho que me relajo. Es cierto que requiere una gran disposición, que muchas veces tienes que interrumpir lo que estés haciendo, etc. Pero todo ello pierde valor, pasa a un segundo plano (o tercero, o cuarto…). Para ir al cine o tomarme una copa tengo toda la vida, pero esto es ahora, y sé que va a pasar más rápido de lo que me gustaría, así que toca disfrutarlo al máximo.

Es cierto eso que dicen, no hay nada más bonito que tu bebé. Pero voy a ir un poco más allá. No hay nada más bonito que tu bebé mamando de tu pecho. Y ya si se aparta un momento para mirarte y sonreírte, ahí se para el mundo 😀

 

Antes de irme, un par de recomendaciones (no me pagan por esto ni nada, ¿eh? os las aconsejo porque a nosotros nos van genial):

-La página de Alba Lactancia y su grupo de consultas de facebook.

-El blog de Maternidad Comtinuum.

-Los servicios de Parideiras (nosotros tuvimos que recurrir a Vicky cuando llevábamos un par de días en casa porque yo no sabía cómo ablandar el pecho cuando sube la leche y el peque no era capaz de mamar con el pecho tan duro; la situación nos desbordó un poco,  no sabíamos cuál era el problema, pero gracias a Vicky la superamos y aquí estamos).

-Y, si necesitais un sacaleches, yo uso el de Medela Swing, y me resulta comodísimo, facilísimo y su biberón Calma está muy bien si necesitas darle tomas con biberón pero quieres evitar que afecte a la lactancia.

Lecturas recomendadas: “Cómo multiplicar la inteligencia de su bebé”

DOMAN_MULTIPLICAR INTELIGENCIA

 

Yo no soy de métodos, me gusta tomar lo que me sirve y utilizarlo a mi manera, sin doctrinas y sin cerrarme a otras opciones. Pero cuando descubrí este método, leyendo a Laura Mascaró, me llamó mucho la atención y me dio muchísima curiosidad. Especialmente, porque la “Ley Infalible” es:

“Si usted no lo está pasando de maravilla, o si su hijo no lo está pasando de maravilla, déjenlo. Están haciendo algo mal”

Así que decidí comprar el libro y profundizar un poco en el tema.  Aún no hemos empezado a aplicarlo, pero la verdad es que la teoría me ha convencido y me apetece mucho ponerme a ello; en los próximos meses empezaremos el programa de lectura, ya os iré contando.

Para introduciros un poco en el tema, lo que propone Doman es una serie de programas a realizar con el bebé para introducirle en la lectura, las matemáticas, etc a través del juego. Todo con materiales que fabricas tú en casa (con cartulina blanca, rotuladores y poco más); las actividades se distribuyen en sesiones muy breves en las que se van introduciendo poco a poco elementos nuevos (por ejemplo, la lectura empieza con palabras sueltas, luego pasas a las parejas de palabras, luego oraciones…). En la sesión tomas un conjunto de cartulinas, las muestras al bebé y le dices lo que pone. Todo ello siguiendo unas pautas y recomendaciones muy concretas pero, a mi modo de ver, muy coherentes, y lo suficientemente abiertas como para que se puedan adaptar a cada caso particular (que es algo para mí fundamental, no todos los niños son iguales, ni todos los adultos, ni todas las circunstancias… así que la flexibilidad nunca sobra).

A mí se me presenta un dilema con todo esto, y es que no soy partidaria de sobreestimular a los niños, y considero perfectamente válido no forzar el aprendizaje de la lectura y esperar a que cada uno aprenda cuando quiera (creo que, en la sociedad en que vivimos, van a  aprender de un modo u otro, siempre que en su contexto se les motive mínimamente: que vean que los adultos leemos, que compartamos lecturas con ellos, que juguemos con la palabra escrita…). Pero, por otra parte, la lectura es la puerta a la gran mayoría del resto de aprendizajes, y facilitar ese recurso cuanto antes no está de más. Además, si realmente aprenden así y podemos ahorrarles el tedio de “la M con la A, MA…”, pues mejor que mejor. De todas formas, en este método no se pide al niño que lea, ni se le soborna ni nada, se le lee y, si el lee espontáneamente, estupendo, pero si no nada; todo dependerá de la edad en que se realice el programa, del niño y del adulto en cuestión, supongo que habrá de todo.

Yo le leo a mi bebé desde que nació, y ahora, con 5 meses recién cumplidos, disfruta muchísimo de esos momentos y muestra un interés enternecedor. Mi objetivo no es que sea un devorador de libros ni nada parecido, simplemente quiero facilitarle este gran recurso y ya veremos a dónde nos lleva.

¿Alquien ha aplicado este método y quiere compartir su experiencia con nosotros?

 

También te recomiendo:

“La crianza feliz”, de Rosa Jové

“El cerebro del niño”, de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson

Lecturas recomendadas: “El cerebro del niño”

cerebroniño

Este libro llegó a mí por casualidad, no lo busqué, y reconozco que empecé a leerlo recelosa, con algún que otro prejuicio. Pues al final me encontré con una grata sorpresa, es un libro tremendamente ameno y práctico.

El principal concepto que se desarrolla en él es el de integración, es decir: “unir distintos elementos para crear un todo que funcione debidamente”. Esto, aplicado al cerebro (integrar ambos hemisferios, la parte superior con la inferior…). Puede sonar muy técnico todo, ya que es necesario entender a grandes rasgos de qué se ocupa cada parte del cerebro, pero, en definitiva, lo que aporta este libro es un montón de casos prácticos y de consejos de muy sencilla aplicación para ayudar a los peques, a través de la experiencia, a desarrollar un cerebro resistente y bien integrado.

En cada capítulo explica el tema, por ejemplo, la integración de ambos hemisferios, de qué se encarga cada uno, etc. y después aporta una serie de estrategias a aplicar. También ejemplifica con casos prácticos y con viñetas. Y, un detalle que me encanta, aporta recursos gráficos para explicar a los niños de qué va esto del cerebro, sus hemisferios y demás. Al final del libro hay un esquema que se llama “Hojas para la nevera”, que se puede utilizar a modo de recordatorio.

Como veis, el enfoque es tremendamente práctico, y adaptado para que todo el mundo pueda entenderlo, disfrutarlo y aplicarlo.

 

También te recomiendo:

“La crianza feliz”, de Rosa Jové

Tarxeta Benvida, una ayuda plagada de incoherencias

Incoherencia número 1:

Como sabéis, mi bebé nació en febrero. Ya en el Hospital nos dieron la información para solicitar esta ayuda, que consiste en una tarjeta, con un saldo de 100€/mes durante los 12 primeros meses de vida del bebé, es decir, un total de 1.200€. Hemos recibido la tarjeta hoy, en mayo, cuando llevamos cerca de 4 meses de vida (y, por tanto, de gastos). Yo, ilusa de mí, pensaba que el saldo inicial sería de 400€. Pues no, era de 100€. Así que llamo a la Xunta y la persona que me atiende me cuenta que, efectivamente, el total va a ser de 1.200€, pero que “a lo mejor” y recalco “A LO MEJOR” en junio me ingresan 200, en julio otros 200, y así… Vaya, que nos espera un añito de ir controlando mes tras mes, a ver si al final el total es el que tiene que ser. En fin…

 

Incoherencia número 2:

Instrucciones de uso: “Esta tarxeta está destinada á compra de produtos infantís en farmacias, parafarmacias, supermercados e tendas de alimentación”. Reproduzco el diálogo aproximadamente, no lo recuerdo con exactitud:

-¿Se puede comprar comida?

-Sí, potitos, leche…- una manera estupenda de promover la lactancia materna, ¿verdad?, ahí, con un par.

-Pero mi hijo se alimenta de leche materna, con lo cual de momento no vamos a comprar comida; y después, cuando empiece con los sólidos, ¿se puede utilizar para frutas, verduras…?

-Tienen que ser cosas para el bebé, no podéis gastarlo en comida para vosotros.

Total, que no me queda claro, ¿una manzana se considera producto infantil? Y, ya poniéndome en modo ridículo, ¿cómo hago, cojo 2 bolsas de manzanas, unas de bebé y otras de adultos, y en casa las separo o les pongo nombre? A ver, por favor, un poco de sentidiño. A mí me parece bien que haya cierto control sobre en qué se gasta el dinero, pero entiendo que gastarlo en comida para mamá es lícito, ¿no se alimenta el bebé de mi leche?¿Y no necesita el bebé que papá y mamá están bien alimentados y puedan cubrir sus gastos para favorecer una crianza óptima?

 

Incoherencia número 3:

Estamos en el punto de ¿en qué gastamos hasta que empiece con sólidos? Y claro, me menciona los pañales. Le digo que usamos pañales de tela y que ya están comprados (no es cierto que los usemos, aunque tenemos intención de hacerlo todavía no nos apañamos bien con ellos, pero quería saber qué me decía). Su primera reacción fue reirse. Y ya empezó la super lista de cosas en que podemos invertir, además del comentario “Los pañales de tela también se gastan”. Repito, en fin…

Aún no sé cómo gastar 100€/mes antes de la alimentación complementaria, en caso de que haya lactancia materna y pañales de tela (y que el niño esté sano, claro). Eso sí, el dinero no caduca, se va a cumulando; con el límite de los 12 meses, claro.

 

Incoherencia número 4:

Empieza a decirme todo lo que se le ocurre: ropita, sillita, cuna, saco… Y le digo: “Pero la tarjeta no se puede usar en tiendas, ¿no? Sólo en farmacias, parafarmacias, supermercados y tiendas de alimentación.” Su respuesta: “Sí, correcto.”

En este momento ya opté por despedirme y colgar.

 

Incoherencia número 5:

Para mí esta es la más grave. El mensaje claro y que me repitió esta persona varias veces es que no podemos gastarnos el dinero en nosotros, tiene que ser en el bebé. Bien (bueno, bien no, creo que debería poder gastarse en la familia en su conjunto), pero es que los grandes gastos se hacen antes de que nazca el bebé y al principio de su vida (cuna, carro, sacaleches, portabebés, pañales de tela o lo que sea). A estas alturas el bebé ya tiene de todo, lo que necesitamos es dinero para reponernos de esos gastos, necesitamos poder invertir en todo lo demás, que ha quedado en segundo plano esta última temporada. Y, si tiene que ser en el bebé, ¿por qué limitarnos tanto? ¿Por qué no incluir actividades y servicios para el bebé, o productos que se adquieren por otras vías, por ejemplo en sesiones de fisioterapia si el bebé sufre de cólicos? ¿O para la mamá, cubrir actividades de postparto, productos o asesorías de lactancia? Se me ocurren tantas cosas…

 

Incoherencia número 6:

Aunque esta ya no me afecta, no puedo dejar de mencionarla. ¿Por qué sólo ayudar a familias cuyos bebés nacieron a partir de una fecha determinada? ¿Y todas aquellas familias que se encuentran en la misma situación pero cuyos bebés nacieron algo antes?

 

 

Creo que esto no tiene ni pies ni cabeza. Espero haberme expresado con claridad y coherencia a pesar del cabreo, no quisiera pecar de lo mismo que estoy criticando.

¿Alguien que esté utilizando la tarjeta nos quiere contar su experiencia? ¿Se os ocurren más cosas que debería cubrir una ayuda de este tipo?